viernes, junio 08, 2007

No es justo que tenga abandonado este blog durante tanto tiempo. Por eso, me he ido a FlickrCC dispuesto a bajarme la primera imagen que saliera al azar e improvisar sobre la palabra que le dio origen.
¡Qué casualidad! LOVE. Vaya...
Hoy mismo me habían preguntado cuántas veces me había enamorado en mi vida, y apenas sabría certificar más de dos o tres ocasiones en que pudiese estar hablando de amor, amor. Y aun así, es tan distinto el amor con el paso del tiempo...
Hace un montón de años leí 'El arte de amar', de Erich Fromm. Seguramente, pocos enamorados a lo romántico aceptarían las tesis del autor, que viene a decir que amar es un acto de voluntad, justo lo contrario de esa idea sutil del amor como sentimiento irrefrenable y cautivador del que no se puede escapar. Para amar hay que esforzarse; lo otro es capricho, deseo, o cualquier otra cosa.
No sé si vosotros os esforzáis por amar. Vivimos en unos tiempos en los que esta cultura de lo fácil no fomenta esa visión abnegada del amor como acto volitivo. Tampoco sé si vale la pena nadar contra corriente y exigir a las meninges lo que niega el corazón (ya he caído en el topicazo...). Por otro lado, es tan tentadora la teoría del flechazo, que pocos se atreven a discutirla abiertamente, y menos si son sufridores de monótonas vidas en común.
El amor, el amor; tan poderoso como para alterar el azar y presentarse en forma de imagen en una noche en la que a alguien le apetece escribir y no sabe de qué.

Crédito de la imagen: www.flickr.com/photos/31751386@N00/7760134

jueves, mayo 10, 2007

Empecé a escribir este blog hace casi cuatro años. Fue flor de la curiosidad y en él se colaban ilusiones y alguna que otra rabieta. Por entonces, pocos sabíamos para qué servía un blog; yo aún no lo tengo claro, y quizá por eso sigo escribiendo en él.
Luego, justo en el boom de los blogs, multipliqué mi presencia bloguera ya con fines profesionales. Sacrificaba este rinconcito para las cuitas personales, mientras mimaba mi vertiente pública.
El caso es que, ahora, tengo dos personalidades escindidas: la pública y la menos pública, que luchan por mezclarse. En ocasiones visito en la red a algunos amigos que también son compañeros de oficio y no sé si debo entrar en sus dominios con mi cara personal o con mi cara profesional.
Ya sé que no soy el único que sufre esta dolencia del doble-usuario, pero, en la medida que crecen mis favoritos, la esquizofrenia es mayor. Y la tendencia a crear nuevas personalidades, nuevos usuarios para nuevos usos, me empieza a provocar urticaria.
¿En cuántos segmentos puede un individuo parcelar su identidad sin riesgo para su integridad? Doctor, ¿debo seguir dividiéndome cuál lúbrica ameba o mejor me reconstituyo en un único ser como el malo de azogue de Terminator?

jueves, abril 05, 2007

Libros, libros, libros, libros...
El tercer policía, de Flann O'Brien, sorprendente, distinto, con engaños, con cierta burla de los críticos serios, si los hay, una vuelta de tuerca a la narración convencional.
Estambul, de Orhan Pamuk, me descubre una ciudad desconocida, llena de sabores, a la altura del universo literario tejido alrededor de Nueva York o París, pero a la turca, y que entronca con mis lecturas de Galdós y Baroja.
El profesor, de Frank McCourt, muestra algunas de las experiencias que vivo a diario, satisface la curiosidad morbosa de ver a los otros en el trance docente y, sobre todo, ratifica algunas de las premisas educativas que pocas veces me atrevo a compartir con mis colegas.
Llámame Brooklyn, de Eduardo Lago, metaliteratura, metanarración, metáforas de la escritura al modo de muñecas rusas, con personajes-símbolo que se escriben y se fingen a sí mismos (creo que Frank, el dueño del bar, constituye el mayor logro narrativo de la novela, con esa labor de director de orquesta, de demiurgo sin saberse tal).

www.flickr.com/photos/29931767@N00/105783011

viernes, marzo 30, 2007

La realidad del mundo se presenta a nuestros ojos múltiple, espinosa, en estratos apretadamente superpuestos. Como una alcachofa. Lo que cuenta para nosotros en la obra literaria es la posibilidad de seguir deshojándola como una alcachofa infinita, descubriendo dimensiones de lectura siempre nuevas.

Italo Calvino

Llevaba, por lo menos, dos meses intentando encontrar un buen momento para recuperar esta cita. Cuando por fin me decido, encuentro aquí la misma referencia, incluso más elaborada.
Internet es una alcachofa infinita en la que nos repetimos sin cesar, sin cesar, sin cesar...

Foto: www.flickr.com/photos/49503154413@N01/100038316

jueves, marzo 22, 2007

Ayayayayyyy... Dónde nos hemos metido con los blogs (ya nadie se acuerda de las bitácoras, con lo bien que suena, a mar...). Anda la comunidad bloguera muy despendolada últimamente. Parece que se acabó la serenidad en los blogs profesionales (los otros nunca la han tenido).
Tenemos blogs de trinchera, reivindicativos, que esgrimen sus posts como poesías de guerra.
Blogueros hay ya que se retiran angustiados ante la avalancha de horas requeridas y ante el acoso de la prensa, de los lectores, de sus obligaciones familiares y de sus respectivos egos (sin acritud, pues yo mismo he escrito sobre esa quemazón).
Ya empieza a verse el 'no me copies, que me enfado', lícito, sí, pero inevitable en un medio como éste, tan vasto, tan basto.
Y las trifulcas por un quítame-allá-esas-pajas (con perdón): que si fulanito está trasnochado, que si menganito no sabe lo que dice, que si zutanito lleva meses diciendo lo mismo... y tú más.
Así que, tal y como está el panorama, no es de extrañar que necesitemos hiperventilación no digital. Habrá que volver a la letra impresa, abandonar por amplios periodos estos lares virtuales y dedicarse al cultivo de hortalizas u otros menesteres. Difícil será resistirse a la llamada de la red, pero todo se andará. ¿Para cuándo una ley anti-blog?; los que nos sentimos atufados la necesitamos ya.

miércoles, marzo 21, 2007

el ritmo que marca este medio
la música virtual enfervorecida
el pasar de los días
la fricción de las páginas
pasando una detrás de otra
enlaces y comentarios
retroalimentación
los días
los minutos
el ratón
derrapando en una curva cerrada
y las palabras
palabras
más palabras que suenan
como ecos de tu propia voz
con la mirada de toda esa gente
esperando a que digas algo
esperando
ahí
pendientes de ti
y tú ardiendo
deseando apagarte entre la multitud
y descansar

sábado, marzo 10, 2007

Ubi sunt?




Salgo a pasear por las calles en fiesta. La gente pulula enfervorecida, ebrios de alcohol y de juventud.
La vida es la misma mierda para todos nosotros. Ha pasado el tiempo y sólo hemos conseguido un punto de vista distinto de la escoria en que vivimos. Ayer yo era así y gritaba por las calles y cantaba y bebía y me burlaba de los viejos y de los matrimonios con hijos y toreaba a los coches que se metían por equivocación en el atasco si no era yo mismo quien conducía.
Ahora estoy al otro lado de la mierda, de la vida que no es mierda por desagradable, sino por efímera, por insustancial, por su nulo valor más allá del penetrante olor que uno percibe de ella.
Podría hacer un elogio de esos años, o una elegía. Pero sería revolcarme en la podredumbre de los días. ¿Para qué volver al otro lado de la vida cuando ya has apurado sus heces?
Y de todo lo vivido quedan esas canciones que configuran la banda sonora de nuestra vida, de nuestra mierda vida.
Sexo, drogas y rock'and'roll, ubi sunt?

domingo, febrero 18, 2007

Viento
Sopla por ahí un viento extraño, de voces que arañan en la cara. Sales a la calle y notas a la gente airada. En la mirada briznas de furia. Vehementes. Aventados.

Cada día me cuesta más no crisparme. Mantener la calma y no entrar al trapo. Pero ese maldito viento que cruza la calle y que se me viene a los ojos...

Voy a buscarme una recacha y me sentaré a ver si se calma este cierzo de odio.
Original image:
by: Beny Shlevich

lunes, enero 29, 2007

Hace una semana me miraba en el mar y no me encontraba. Quizá sólo soy un espejismo. Esta bonanza que vivo no parece real. Puede que esté en la plenitud de mi vida, en ese gozoso momento del que todos hablan cuando llegan a la vejez:
'Aquello fueron buenos años: tenía un trabajo que me gustaba, desarrollaba proyectos con encanto, disfrutaba de mi familia, iba a la playa a pasear en pleno invierno...'
Me siento tocado por el dedo divino. Miro atrás con desconfianza. Me veo y no me creo. Junto al mar, casi no había olas, menos que en verano. Sólo un tapiz que se balancea. Y mi sombra de gigante, pero eso sólo, sombra. Con mis sueños de gigante casi cumplidos, pero eso sólo, sueños.
He escrito hoy casi por compromiso. Ha pasado una semana: ha nevado y hace un frío del carajo. El paseo por la playa era una espinita en mis benévolos recuerdos. ¿Será cierto que sólo los infelices se abren camino a la gloria? ¿Estaré condenado a la mediocre vida feliz? ¿Por qué me pregunto estas idioteces, en lugar de disfrutar de la playa como cualquier hijo de vecino?
En fin, dudas de Robinson que no van a ningún lado.

jueves, diciembre 14, 2006

Me estresa estresarme, pero, si no ando estresado, me estresa la inactividad. Muevo cien cosas a la vez, noventa y nueve inútiles y una absurda. Sin embargo, todo encaja. ¿Será que lo útil es algo inútil disfrazado? Porque, ¿qué es la vida sino un cúmulo de inutilidades que nos conducen al gran absurdo? Tanto afán, tanto afán... Me veis aquí, nos vemos aquí, de un lado a otro, siempre jodidos, siempre contentos.
Nada, lo dejo, que últimamente la cosa mística anda fatal (y la otra, también)

sábado, noviembre 11, 2006

Cuantas más palabras ajenas tengo, menos espacio les queda a las mías. Parece que hable un idioma extranjero, que viva todos los días en una lengua que no es la mía, que todo sea un esfuerzo baldío por entenderme con extraños.
No me encuentro la voz de tanto oírme en ese falsete. Me salen gallos cuando me pongo grave y corro serio peligro de que nadie me tome en serio.
Así lleno cuartillas en inglés, francés y arameo, hojas sin sentido que sólo sirven para olvidarme de cómo sonaba mi voz, de qué aspecto tenían mis letras.
Sólo me consuela una cosa: el hecho de estar solo hace que no importe qué lengua hable, pues no ha de escucharme nadie más que yo.

martes, julio 25, 2006

Vuelvo la vista atrás y remiro mis últimas lecturas como el condenado que cree que su vida ha de acabar en breve. ¡Qué trágico! Bueno, dediqué los huecos de junio a la lectura de 'Leviatán' de Paul Auster, de quien no había leído nada. Me hizo pensar que 'La velocidad de la luz' de Javier Cercas estaba estrechamente emparentada con ella... Seguí con los raros y me tragué 'El dios reflectante' de Javier Calvo: bien, bien, Hanif Kureishi, Martin Amis, Bolaño, algo se mueve en la literatura momia española, aunque después de esas sobredosis de locura, apetecen cositas relajadas como la última novela de Eduardo Mendoza. Estos últimos días he viajado en los trenes chinos con mi viejo Paul Theroux, muy oxigenante; en medio me comí la delicatessen de 'El último encuentro' de Sándor Márai, que me dejó turbado, como siempre ocurre con las buenas novelas. En las últimas horas he deglutido cuatro novelas juveniles, bastante sosas todas y que sólo recomendaré en caso de apuro (quizá se salve 'Llámalo X' de Marinella Terzi, porque cuenta bien una historia bastante banal por cierto).

miércoles, julio 12, 2006

Dice Céline en el 'Viaje al fin de la noche':

'Como promedio, el verdadero sabio necesita veinte largos años para efectuar el gran descubrimiento, el que consiste en convencerse que el delirio de unos no hace la felicidad de otros y que cada quisque en esta tierra está en pugna con la idea fija del vecino'

Tiene, además de esta, otras frases memorables que no puedo resistirme a copiar:

'La gran derrota, en todo, es olvidar, sobre todo, lo que te mata, y morir sin llegar a comprender jamás hasta qué punto los hombres son bestias. Cuando estemos al borde del hoyo no nos pasemos de listos, pero tampoco olvidemos; hemos de contarlo todo, sin cambiar ni una palabra de las lacras que hemos visto en los hombres, y entonces liar el petate y bajar. Es suficiente como trabajo para toda una vida'

'El pobre de este mundo tiene dos grandes alternativas de diñarla: sea por la indiferencia absoluta de sus semejantes en tiempos de paz, o por la pasión homicida de los mismos cuando llega la guerra. Si empiezan a pensar en ti, sólo soñarán en torturarte, y nada más que en eso'

Y otras que podrían figurar como aforismos de antología:

'Tener confianza en los hombres equivale a dejarse matar un poco'

'Casi todos los deseos del pobre están castigados con la cárcel'

'La miseria es gigantesca y se sirve de tu casa para limpiar las porquerías del mundo, igual que lo haría con una bayeta. Y siempre queda algo'

Céline, un autor extraño, polémico y lleno de fantasmas.
Acabo de encontrarme con otro que no soy yo. Me he buscado en google y ha aparecido un blog que he escrito sin saberlo. Con mi nombre. Con mi apellido. Dice cosas que he soñado alguna vez, que he pensado y que he temido, pero son palabras de otro. De alguien que se llama como yo, pero no soy yo. Lo juro. Tengo miedo de que alguien lea ese blog y piense que yo pienso eso. Miedo de que piense que yo escribo eso que pienso y no escribo. Incluso me aterroriza la idea de que ese que firma con mi nombre no sea quien dice ser, sino alguien que me sueña, que me imagina parecido a como soy, a mi propia idea de como soy. ¿Tenemos derecho a suplantar nombres? ¿Podemos suplantar ideas de alguien que se llama como nosotros?
Ahora no puedo dormir tranquilo sabiendo que alguien que se llama como yo puede estar escribiendo algo que debería escribir yo. Pero no me atrevo. Ni a escribir. Ni a pensar. Ni a dormir... por si me despierto siendo el otro.

martes, julio 11, 2006

Tejas

Tejas
unas sobre otras
dejadas caer
sobre ellas
el horizonte.
Al fondo
la montaña
más abajo
la playa.
Juegan las niñas
lejos.
Suena algo
viejo
ceñir cejas
una sobre otra
por debajo
el horizonte.
Algo hogar
holgar algo.
Y ellas juegan
las tejas
lejos.

martes, junio 13, 2006

Un maestro

Me acabo de enterar de que ha muerto mi maestro. Se llamaba Hipólito Álvarez -todavía conservo los boletines de notas del colegio, con su letra picuda, desmesurada-. Era un gran hombre, no me cabe duda. Hasta sus últimos días, veintitantos años después de tenerme como alumno, guardaba de mí un cálido recuerdo, y sus palabras de apoyo al saber que yo había seguido sus pasos para acabar siendo profesor, son testimonio de su maestría.
Don Hipólito era un hombre de claroscuros: parecía duro, casi guardia pretoriano, y, a la vez, educado y amable. Recuerdo que fue el primero que nos habló de la reproducción humana, en una época en la que los niños seguían viniendo de París. Se inflamaba con la memoria de los discursos de Castelar -qué raro se me hace todo, el sonoro nombre de Castelar en tiempos de Franco, con referencias a la Plaza del Caudillo, antes de Castelar, en esos años en que cuestionar los nombres era tan peligroso-.
Suena tópico decir que fue un padre para mí, pero lo cierto es que conoció a mis hermanos, a mis padres, a mis sobrinos y a mis hijas, así que formaba casi un anexo de nuestra familia.
He pasado buenos ratos, ya como padre, oyéndolo contar historias de jubilado en el parque. Historia emocionantes que formaban parte del patrimonio oral de cualquier español que se precie de su historia. Siempre le decía que tenía que escribir sus memorias, pero él ya estaba cansado.
Le perdí el rastro hace un año y pico. Tuvo que ir a una residencia -lamento no haber pasado a saludarle en más de una ocasión en que lo pensé-. Después yo me marché a otra ciudad y no había vuelto a saber nada hasta que hoy mismo me avisaron de su entierro.
Con él se muere una parte de mi historia, con él entierro algo de mi infancia.
Y me siento orgulloso de ser un maestro, de recoger en parte su legado.

sábado, mayo 20, 2006

Falsa autobiografía
Es posible que muchos de los matoncitos (bullying lo llaman ahora) que había en mis tiempos del cole se hayan convertido en probos ciudadanos; algunos habrán seguido las malas sendas que conducen a la trena o a los suburbios de la marginación. Pero lo que me atormenta hoy es que yo, que nunca fui uno de ellos, que siempre respeté las reglas del juego, oiga reproches acerca de no ser un tipo duro y que, con la edad aún tenga que soportar que me los pongan como modelo de hombre macho, muy macho.
Sobreviví en todos mis años de escuela entre chicos uno o dos años mayores que yo -por ser más listo de lo normal, me adelantaron un curso-, y tuve que lidiar con malas bestias que no entendían que un alfeñique -siempre fui poca cosa- los dejase en evidencia intelectualmente.
De este modo, y como auténtica herramienta de subsistencia en medios hostiles, desarrollé el mágico poder de la palabra, con el que llegué a convencerme de que todo se arregla hablando, que la violencia siempre es gratuita.
Me jodía bastante que las chicas no lo entendieran así. Y me elegían para hablar, pero para el ligue acababan con los malotes. Aquellos matoncitos seguían pisando mis ilusiones. Y todo por no ser un tipo duro.
Me estaba convirtiendo en un friki, nerd, como quiera que lo quieran llamar, casi condenado a matarme a pajillas oyendo a Kraftwerk o a coleccionar cromos del Lord of the Rings en una caja de galletas danesas.
Pero tenía la confianza de que cuando me relacionase con adultos, o mejor con adultas, mi don de la palabra superaría la falta de dureza. Y lo conseguí por un tiempo, pero, a la larga, todas acababan prefiriendo a tipos duros que las sacudían de un lado a otro, que les escupían palabras, esas palabras que yo veneraba.
Así que aquí ando hoy. Maldiciéndome por haber crecido entre matoncitos, por no haber tenido unos bíceps de arroba y media, por no ser mal hablado y cagarme en la madre que parió a todo el mundo.
He superado las barreras de la edad, pero en la última me he clavado el palo en la entrepierna, y en lugar de una blasfemia sólo me sale un grito en sordina, un educado mecachis que, como buen dialogador conmigo mismo, me consuela y me satisface como si fuese una pajilla mental.
En fin, más de lo mismo.

jueves, abril 27, 2006

He dejado pasar los días como un largo tren de mercancías cargado de recuerdos ruidosos. Acunado por el golpeteo monótono de las ruedas en las juntas, con la leve disonancia de algún eje travieso, me dormí en mis laureles. Ha sido un sueño galdosiano, de Fortunata y Jacinta peleando por su hombre, defendiendo sus pasiones, cada una la suya, tan iguales, tan distintas, mientras yo roncaba como un cerdo.
Así se me ha pasado hasta el día del libro, con sus voceríos y sus aires de mercachifle -qué bonita palabra para el certamen de la escuela de escritores; ¡mira que ganar 'amor',tan boba, sosa y cursi!-.
Pero mis olvidos se asubsanan siempre con una cita reparadora -una citirita- que me redime de mis largas ausencias. Como homenaje al libro, ahí os dejo una reflexión de Antonio Muñoz Molina:

'Basta tenerlos, saberlos dóciles al recuerdo o al gesto de la mano detenida en el aire que escoge un volumen o simplemente comprueba que siguen en su lugar exacto, basta percibir el orden y el numeroso silencio y oler el aire que los libros habitan, que tiene la misma quietud que el de las salas de los museos cuando se cierran sus puertas y los personajes de los cuadros quedan mirándose entre sí desde los balcones del tiempo. Como las estatuas, como todas la cosas inmóviles que cotidianamente nos acompañan y nos miran, en la oscuridad y en la noche los libros suelen agrandar su presencia, y uno es entonces el guardián ciego que los toca y los adivina y no puede verlos, igual que Borges en su biblioteca de Buenos Aires'.

Buenas noches.

lunes, marzo 27, 2006

Visiblemente afectado

la realidad
mis ojos en candil
goteando aceite
y un suspiro
para sofocar la pena
apenas leve

visiblemente
afectado

por las lágrimas
ajenas
por las sonrisas
propias
por las añejas sonrisas derramadas como lágrimas

visiblemente
afectado

por el desdén
en el desván
por la desmesura
del volcán
en el que se cuecen las desdichas de mi humanidad

visiblemente
afectado

por ti
y por mí
con estos ojos encandilados
y negros como aceitunas
que destilan como acre jugo
la realidad

visiblemente afectado

domingo, febrero 26, 2006

Interesan películas y libros inútiles. Bajo la excusa de que uno va al cine o lee un libro para pasar el rato y no para calentarse la cabeza, se comenten todo tipo de atrocidades contra el sentido común, el sentido artístico o, simplemente, contra la más mínima inteligencia humana.
Que la buena literatura y el buen arte suponen un ejercicio de libertad lo han entendido desde siempre en todas las culturas. De ahí que todos los poderes, también, hayan tratado de limitar ese ejercicio de creación y recreación lectora.
Mandamos y defendemos, que ningún librero ni impresor de moldes, ni mercaderes, ni factor de los suso dichos, no sea osado de hacer imprimir de molde de aquí adelante por vía directa ni indirecta ningún libro de ninguna Facultad o lectura o obra, que sea pequeña o grande, en latín ni en romance, sin que tenga para ello nuestra licencia y especial mandado (...)
Ni sean asimismo osados de vender en los dichos nuestros Reynos ningunos libros de molde que truxeren fuera dellos (...) sin que primeramente sean vistos y examinados por las dichas personas [obispos y arzobispos encargados de la censura], o por aquellos a quien ellos lo cometieren, y hayan licencia dellos para ello; so pena que por el mismo hecho hayan, los que los imprimieren sin licencia, o vendieren los que truxeren de fuera del Reyno sin licencia, perdido y pierdan todos los dichos libros, y sean quemados todos públicamente en la plaza de la ciudad, villa o lugar donde los hubieren hecho, o donde los vendieren; y más pierdan el precio que hubieren rescibido, y se les diere, y paguen en pena tantos maravedís como valieren los dichos libros que así fueren quemados.

Una Pragmática de los Reyes Católicos que confirma que los peores peligros que sufren los poderosos suelen venir más del pliego que del acero.