En el revés de la comodidad hay un submundo que bulle
con su rencor nunca satisfecho y su vida al límite.
Es una realidad paralela y vergonzante que encaja en los goznes del bienestar
con la amenaza de cerrarse y pillarnos los dedos.
Puedo verlos felices en su ignorancia que es sigilo,
en su inconsciente preparación de una nueva era,
el siglo de Némesis, la diosa justiciera.
Mientras otros tapan
sus ojos
o les cierran
sus bocas,
hay quien llora por ellos,
desolado,
aturdido,
con vana esperanza de aplacar aquella venganza
que se cierne sin que nadie lo sepa;
ni ejecutores ni ejecutados, nadie lo sabe,
porque siempre es mejor apagar la luz y pensar que nadie atravesará la puerta .
Y soñar que seguimos siendo los únicos seres de este mundo.