.
A vueltas una y otra vez con la Ley de Educación, siguen oyéndose barbaridades de uno y otro lado. Los más pacatos insisten en los derechos de los padres a elegir colegio para sus niños, colegio privado pagado con dinero público, colegio que se permite reservar el derecho de admisión, con lo que acaba convertido en una reserva de niños-clasemedia, en demasiadas ocasiones mimados -o alejados de la suciedad- a costa de los impuestos de todos.
Pero también los más progresistas pecan de roussonianos e insisten en una educación con igualdad para todos, negando la evidencia de que no todos somos iguales, que ni siquiera la sociedad que espera a los chavales cuando salgan de los estudios se cree eso de la igualdad y, simple y llanamente, va a seleccionar a los mejores y se va a deshacer del resto. ¿Por qué engañarlos, entonces, con vanas palmadas en la espalda durante tantos años? ¿De qué sirve obligar a un chaval a permanecer en un instituto durante cuatro o seis años, las manos en los bolsillos, escuchando historias que se la traen floja, en lugar de prepararse para la vida civil? Porque lo que no se cree nadie es que las enseñanzas actuales preparan a los jóvenes para la vida adulta. De eso, nada. Sólo sirven a un bajo porcentaje que obtendrá provecho de ellas, mientras la gran mayoría pasa esos años sin pena ni gloria, soportando y sufriendo un sistema diseñado por adultos que miran hacia otro lado.
Casi no me queda tiempo para hablar de la religión en las aulas, algo que crispa al más pintado. Me decía el otro día una amiga mía, francesa y muy cerca ya de los cincuenta años, que ella estudió en Francia en un colegio de monjas y que, como es obvio en ese tipo de centros, tenía la asignatura de religión, aunque no era evaluable. Un día, llegó una alumna nueva y se extrañó de que no hubiese nota de religión. La monja responsable de la asignatura sólo le dijo: ¿Acaso es evaluable la fe?.
Añado yo que quizá si a uno le suspenden la religión, lo más lógico sería entregarle, en lugar del boletín de notas, la carta de excomunión, ¿o no? Bueno, a ver si aprendemos ya lo que significa mantener en un estado laico una escuela confesional y tomamos medidas para resolver estas esquizofrenias sociales, aunque para ello haya que mirar a nuestros volterianos vecinos del norte.
jueves, diciembre 15, 2005
sábado, diciembre 10, 2005
Existe un magnífico ensayo, Historia universal de la destrucción de libros, de Fernando Báez, que resume de manera amena -todo lo ameno que puede resultar este asunto- la accidentada historia de libros y bibliotecas que sucumbieron a los desmanes de distintas civilizaciones -y perdón por lo de civilizaciones-.
Es interesante descubrir que, a veces, grandes hombres, en el seno de grandes culturas de variado pelaje, acabaron por convertirse en bibliocastas, en quemadores de libros. Y no solo por cuestiones religiosas o ideológicas, sino por la simple aniquilación del adversario.
Cuando destruimos libros, acabamos con la memoria de las cosas y de los pueblos. Bastantes culturas son ninguneadas, en muchas ocasiones, por no tener libros, por no testimoniar por escrito su paso por la historia. Y en ese proceso de exterminio de la memoria, han intervenido mongoles, egipcios, sumerios, cristianos, judios y musulmanes.
Por eso, cuando ya hace un tiempo que reposó la lectura de ese ensayo sobre la sinrazón humana, sigo mirando mi biblioteca un poco como el personaje de Auto de fe, aterrado por la sospecha de su desintegración, pero tentado siempre por el extravío de la locura destructora.
A veces, sólo se consuma el amor hacia aquello que se pierde, definitivamente.
Es interesante descubrir que, a veces, grandes hombres, en el seno de grandes culturas de variado pelaje, acabaron por convertirse en bibliocastas, en quemadores de libros. Y no solo por cuestiones religiosas o ideológicas, sino por la simple aniquilación del adversario.
Cuando destruimos libros, acabamos con la memoria de las cosas y de los pueblos. Bastantes culturas son ninguneadas, en muchas ocasiones, por no tener libros, por no testimoniar por escrito su paso por la historia. Y en ese proceso de exterminio de la memoria, han intervenido mongoles, egipcios, sumerios, cristianos, judios y musulmanes.
Por eso, cuando ya hace un tiempo que reposó la lectura de ese ensayo sobre la sinrazón humana, sigo mirando mi biblioteca un poco como el personaje de Auto de fe, aterrado por la sospecha de su desintegración, pero tentado siempre por el extravío de la locura destructora.
A veces, sólo se consuma el amor hacia aquello que se pierde, definitivamente.
jueves, diciembre 08, 2005
En ocasiones, me veo de chico, de muy chico, y me pregunto:
¿qué tenía en la mente durante tantas horas al día?

Me quedo sin respuestas, mirando como un lelo mi cara pretérita, soñando con lo que fui, soñando con lo que nunca más habrá de ser.
Entre las brumas de los días, mi alter ego me mira desconfiado, como un desconocido al que asaltan los fantasmas del ayer. Creo que no sospecha lo que se le viene encima...
¿qué tenía en la mente durante tantas horas al día?

Me quedo sin respuestas, mirando como un lelo mi cara pretérita, soñando con lo que fui, soñando con lo que nunca más habrá de ser.
Entre las brumas de los días, mi alter ego me mira desconfiado, como un desconocido al que asaltan los fantasmas del ayer. Creo que no sospecha lo que se le viene encima...
miércoles, diciembre 07, 2005
Dice Elias Canetti en uno de sus aforismos:
Hay cierta tristeza en las palabras desnudas, pero yo no soy sastre, y antes que probarles un traje prefiero seguir triste.
Palabras desnudas con las que vivimos día a día y que se convierten en nuestra residencia, un patrimonio del que no nos podemos desprender, que nos acompaña a lo largo de la vida, para bien o para mal, y al que, a menudo, volvemos una espalda resignada.
Palabras desnudas que nos ayudan a amar y a odiar, filos de navaja, plumas, acero, carbón. En esa desnudez con la que impúdicamente nos relacionamos con los demás, las palabras abren caminos o dinamitan puentes, arañan, escupen, acarician, arropan.
Son las palabras nuestro lecho; estación de llegada o tránsito de estos caminantes cansados que hablan o escriben. Y, de tanto vivir en ellas, acabas tomándoles cariño. Para terminar enamorado como un bobo de tus palabras, de todas las palabras.
Como también decía Canetti:
Algunas palabras tienen tantos sentidos que vale la pena haber vivido sólo para conocerlas.
Porque, ¿habría mundo si no hubiese palabras?
Hay cierta tristeza en las palabras desnudas, pero yo no soy sastre, y antes que probarles un traje prefiero seguir triste.
Palabras desnudas con las que vivimos día a día y que se convierten en nuestra residencia, un patrimonio del que no nos podemos desprender, que nos acompaña a lo largo de la vida, para bien o para mal, y al que, a menudo, volvemos una espalda resignada.
Palabras desnudas que nos ayudan a amar y a odiar, filos de navaja, plumas, acero, carbón. En esa desnudez con la que impúdicamente nos relacionamos con los demás, las palabras abren caminos o dinamitan puentes, arañan, escupen, acarician, arropan.
Son las palabras nuestro lecho; estación de llegada o tránsito de estos caminantes cansados que hablan o escriben. Y, de tanto vivir en ellas, acabas tomándoles cariño. Para terminar enamorado como un bobo de tus palabras, de todas las palabras.
Como también decía Canetti:
Algunas palabras tienen tantos sentidos que vale la pena haber vivido sólo para conocerlas.
Porque, ¿habría mundo si no hubiese palabras?
sábado, diciembre 03, 2005
Soy un apasionado de esa época literaria que constituyeron las tres primeras décadas del siglo XX en España. Un mundo agitado de efervescencia cultural rodeado de miseria, mucha miseria. Pero la literatura nos salva de la vida, y he querido recoger unas citas del gran crítico y novelista Corpus Barga:
"Se llama obras maestras literarias a las obras más citadas por los profesores de literatura.
La literatura se diferencia de las demás artes en que todo el mundo puede profesarla. Hay quien se alaba de no entender la música. Hay quien confiesa su desconocimiento de la pintura. No hay quien no se crea entendido y conocedor, con derecho a voz y voto, en literatura.
Toda obra literaria, a fuerza de equívocos, puede llegar a ser una obra maestra.
(...)
Cada generación nueva es la revancha de otra antigua, de los olvidados."
Así se teje la historia, así se construye el mundo: olvidados y revanchistas, trama y urdimbre, haz y envés de vencedores y vencidos.
"Se llama obras maestras literarias a las obras más citadas por los profesores de literatura.
La literatura se diferencia de las demás artes en que todo el mundo puede profesarla. Hay quien se alaba de no entender la música. Hay quien confiesa su desconocimiento de la pintura. No hay quien no se crea entendido y conocedor, con derecho a voz y voto, en literatura.
Toda obra literaria, a fuerza de equívocos, puede llegar a ser una obra maestra.
(...)
Cada generación nueva es la revancha de otra antigua, de los olvidados."
Así se teje la historia, así se construye el mundo: olvidados y revanchistas, trama y urdimbre, haz y envés de vencedores y vencidos.
Vivo en una ciudad cuyo acontecimiento estrella del año es la apertura de un centro comercial. Los jubilados han supervisado con escrupulosa minuciosidad el desarrollo de las obras. Ahora que está a punto de abrir sus puertas, las gentes peregrinan en tropel para no perderse en las tertulias de los próximos días:
-¡Vaya pedazo de edificio!
-¡Por fin tendremos algo más nuevo que los capitalinos!
-La prima segunda de una cuñada de mi vecina es jefa de personal. Si quieres, le digo que te coloque.
-El día que abran ya me tienen aquí la primera.
-Pues, yo paso. Vendré un día por la novedad, pero me gusta más el comercio tradicional.
-¡Papi! ¿Comeremos en ese restaurante tan alto?
-¡Joder! Todavía no hemos abierto la calle al tráfico y el notas ése ya está aparcando en la puerta, encima de la acera.
-¡Eh!, ¡tú!, que esos adornos no son para tirarlos.
...
Desde luego, algo se mueve en la vida cultural de esta ciudad. Para que luego nos llamen provincianos...
-¡Vaya pedazo de edificio!
-¡Por fin tendremos algo más nuevo que los capitalinos!
-La prima segunda de una cuñada de mi vecina es jefa de personal. Si quieres, le digo que te coloque.
-El día que abran ya me tienen aquí la primera.
-Pues, yo paso. Vendré un día por la novedad, pero me gusta más el comercio tradicional.
-¡Papi! ¿Comeremos en ese restaurante tan alto?
-¡Joder! Todavía no hemos abierto la calle al tráfico y el notas ése ya está aparcando en la puerta, encima de la acera.
-¡Eh!, ¡tú!, que esos adornos no son para tirarlos.
...
Desde luego, algo se mueve en la vida cultural de esta ciudad. Para que luego nos llamen provincianos...
Solo existe en el mundo algo peor que un domingo por la tarde:
Un sábado que parece un domingo.
Esas calles tan de domingo, esas montañas con sabor a fin de semana que se acaba...
¿Será que se equivocó el calendario?
¿Acaso algún domingo se infiltra como espía en estos sábados de tenues claroscuros?
Creo que tendré que salir al bullicio para convencerme de que hoy es sábado, o de lo contrario sucumbiré a la languidez dominical de esas tardes interminables de invierno, de esos fines de semana que, antes de llegar, ya se han acabado.
Chao.
Un sábado que parece un domingo.
Esas calles tan de domingo, esas montañas con sabor a fin de semana que se acaba...
¿Será que se equivocó el calendario?
¿Acaso algún domingo se infiltra como espía en estos sábados de tenues claroscuros?
Creo que tendré que salir al bullicio para convencerme de que hoy es sábado, o de lo contrario sucumbiré a la languidez dominical de esas tardes interminables de invierno, de esos fines de semana que, antes de llegar, ya se han acabado.
Chao.
viernes, diciembre 02, 2005
Me escribo, me describo
en un lazo
mortal
de necesidad,
necesidad de describirme
de escribirme
como si fuese otro,
otro que me escribiese,
otro yo, todo yo.
Me agoto y
me agosto
en una ardiente
esfera de tinta,
de tinte,
detente.
En el correr de los días,
un ruido, un eco,
el sabor discreto
de las palabras
que se van
hundiendo
lejos,
allá,
...
en un lazo
mortal
de necesidad,
necesidad de describirme
de escribirme
como si fuese otro,
otro que me escribiese,
otro yo, todo yo.
Me agoto y
me agosto
en una ardiente
esfera de tinta,
de tinte,
detente.
En el correr de los días,
un ruido, un eco,
el sabor discreto
de las palabras
que se van
hundiendo
lejos,
allá,
...
La semana pasada, algunos diarios, entre ellos EL PAÍS (líder de la prensa nacional en España) recogían como noticia que un diccionario de ideas afines de la editorial Herder presentaba dentro de la voz "homosexual" otras ideas afines como "pervertido", "perturbado", etc. En esa ocasión, el redactor de la noticia afirmaba que habían hablado con la editorial -que pensaba retirar los ejemplares de la librería, como si eso fuese a cambiar la mentalidad de algunas personas-, pero que no habían conseguido hablar con el autor, Fernando Corripio, por hallarse en paradero desconocido.
Esta semana, en una breve esquinita del mismo diario, se aclaraba que Fernando Corripio difícilmente podía responder a sus valoraciones sobre el término homosexual, entre otras cosas porque llevaba muerto desde 1993.
Algo que suelen olvidar a menudo los periodistas es que ni la lengua ni los diccionarios discriminan a nadie: en el peor de los casos, recogen los (perversos) usos que las personas hacemos de ella. Como siempre, lo fácil es fusilar al mensajero. No intento disculpar a nadie, pero a veces juzgamos a personas de otras épocas con los patrones culturales de la nuestra. Nos atrevemos a decir que tal autor o tal otro son machistas, racistas, antiguos, etc. cuando, lo más seguro, es que incluso fuesen avanzados a su época. Si leemos el "De institutione femina christiana" de Juan Luis Vives con los ojos de hoy día, nos parecerá un rancio machista, cuando en su contexto era un auténtico innovador.
Dejemos, pues, al pobre Corripio descansar en paz y ocupémonos de las vigas en el ojo propio, que las del ajeno ya crían malvas.
Y puestos a soliviantar al personal con noticias preocupantes, más vale fijarse en una encuesta, también publicada ayer, que recoge que el 80% de las adolescentes cree que puede haber amor detrás del maltrato y que los celos son un buen atributo del amor. Unos resultados que ponen los pelos de punta, ya que señalan que el problema de la violencia doméstica no parece que vaya a solucionarse, al menos, en la próxima generación. En el mismo lote se recogía que los chicos, uno de cada tres, no ven mal que se rechace o discrimine a los homosexuales. En fin, que el mundo está cada vez peor.
Esta semana, en una breve esquinita del mismo diario, se aclaraba que Fernando Corripio difícilmente podía responder a sus valoraciones sobre el término homosexual, entre otras cosas porque llevaba muerto desde 1993.
Algo que suelen olvidar a menudo los periodistas es que ni la lengua ni los diccionarios discriminan a nadie: en el peor de los casos, recogen los (perversos) usos que las personas hacemos de ella. Como siempre, lo fácil es fusilar al mensajero. No intento disculpar a nadie, pero a veces juzgamos a personas de otras épocas con los patrones culturales de la nuestra. Nos atrevemos a decir que tal autor o tal otro son machistas, racistas, antiguos, etc. cuando, lo más seguro, es que incluso fuesen avanzados a su época. Si leemos el "De institutione femina christiana" de Juan Luis Vives con los ojos de hoy día, nos parecerá un rancio machista, cuando en su contexto era un auténtico innovador.
Dejemos, pues, al pobre Corripio descansar en paz y ocupémonos de las vigas en el ojo propio, que las del ajeno ya crían malvas.
Y puestos a soliviantar al personal con noticias preocupantes, más vale fijarse en una encuesta, también publicada ayer, que recoge que el 80% de las adolescentes cree que puede haber amor detrás del maltrato y que los celos son un buen atributo del amor. Unos resultados que ponen los pelos de punta, ya que señalan que el problema de la violencia doméstica no parece que vaya a solucionarse, al menos, en la próxima generación. En el mismo lote se recogía que los chicos, uno de cada tres, no ven mal que se rechace o discrimine a los homosexuales. En fin, que el mundo está cada vez peor.
sábado, noviembre 26, 2005
Una vez más -no será ni la primera ni la última- aprovecho esta bitácora para comentar las lecturas que llevo por delante. Primero la obligación y luego la devoción: leí, para recomendar a los adolescentes La piel de la memoria del grafómano Jordi Sierra i Fabra. Pese a ser una novela juvenil, estremece el argumento centrado en el tráfico de niños para servir de esclavos en las plantaciones de cacao. Sobre todo, la conmovedora mirada en el espejo deformante del Primer/Tercer Mundo, en el que se asoman por un lado los niños que toman su cola-cao, mientras en el otro agonizan víctimas de infecciones y torturas en las plantaciones.
Y, en un salto de género, leí también La piel fría -¡acabo de descubrir que he leído dos libros con títulos muy parecidos!- de Albert Sánchez Piñol, un antropólogo reconvertido en novelista al que auguro muchos más éxitos. En esta novela, en la que -inevitablemente, aunque sin reproche alguno- resuenan ecos de Lovecraft, Poe, Conrad y otros, el autor ha sabido dar el giro necesario para no caer en lo previsible, otorgando a su obra una dimensión mucho mayor que la asignada por su género. Así, lo que empieza siendo una novela de terror, acaba convertida en una indagación inquietante acerca de nosotros mismos, de nuestro sentido, de nuestros sentidos. En fin, chapeau.
Y mañana más.
Y, en un salto de género, leí también La piel fría -¡acabo de descubrir que he leído dos libros con títulos muy parecidos!- de Albert Sánchez Piñol, un antropólogo reconvertido en novelista al que auguro muchos más éxitos. En esta novela, en la que -inevitablemente, aunque sin reproche alguno- resuenan ecos de Lovecraft, Poe, Conrad y otros, el autor ha sabido dar el giro necesario para no caer en lo previsible, otorgando a su obra una dimensión mucho mayor que la asignada por su género. Así, lo que empieza siendo una novela de terror, acaba convertida en una indagación inquietante acerca de nosotros mismos, de nuestro sentido, de nuestros sentidos. En fin, chapeau.
Y mañana más.
jueves, noviembre 24, 2005
A veces parece que la realidad viene a burlarse de uno en sus propias barbas. Veía el otro día una noticia en la tele: en un pueblo valenciano, una cofradía, llamada algo así como del "Cristo de la flagelación", había decidido recaudar dinero con un pase de modelos. En un principio, el pase sería de lencería, pero algunos de los miembros más pacatos de la asociación pensaron que contravenía el espíritu religioso de la misma y obligaron a modificar la idea inicial hasta convertirla en un recatado pase de pijamas.
Lo que más coña tiene de este asunto es que una cofradía que conmemora el cruel acto de la flagelación, se rasgue las vestiduras ante la exhibición del cuerpo femenino. Pienso yo que mucho más sensato es ver las carnes lisas y turgentes de unas modelos que las llagas y moratones de un flagelado, sea Cristo en efigie o sea cualquiera de sus brutos admiradores en carne y hueso de hoy en día.
Y voy más allá. Ya puestos, esa congregación debería, en consonancia con su nombre, haber propuesto un pase de artículos sado-maso, pues tanto amor por la sangre y el sacrificio no llevan a otra vertiente del amor, sea humano o divino, pues lo único que cambia es el objeto.
En fin, que el mundo es cada día más raro.
Lo que más coña tiene de este asunto es que una cofradía que conmemora el cruel acto de la flagelación, se rasgue las vestiduras ante la exhibición del cuerpo femenino. Pienso yo que mucho más sensato es ver las carnes lisas y turgentes de unas modelos que las llagas y moratones de un flagelado, sea Cristo en efigie o sea cualquiera de sus brutos admiradores en carne y hueso de hoy en día.
Y voy más allá. Ya puestos, esa congregación debería, en consonancia con su nombre, haber propuesto un pase de artículos sado-maso, pues tanto amor por la sangre y el sacrificio no llevan a otra vertiente del amor, sea humano o divino, pues lo único que cambia es el objeto.
En fin, que el mundo es cada día más raro.
domingo, noviembre 20, 2005
Acabo de terminar Enterrar a los muertos de Ignacio Martínez de Pisón. Es una novela-ensayo acerca de José Robles Pazos, un escritor y traductor, amigo de John Dos Passos, que fue ejecutado en las checas de la Guerra Civil. Es espeluznante el panorama que se dibuja entre las líneas de esta historia. Espeluznante descubrir cómo personas sensatas y progresistas hacían la vista gorda ante ejecuciones sumarias ordenadas por los gerifaltes comunistas. De poco sirve consolarse sabiendo que los ejecutores caerían más tarde, víctimas de los fascistas o víctimas de la misma maquinaria estalinista que ellos habían engrasado.
Pero quizá lo más espeluznante no sean los muertos, sino los vivos, todas esas familias -la de Robles Pazos, por ejemplo, mendigando una partida de defunción de la que dependía sus subsistencia-, esos amigos -como Dos Passos, censurado de por vida por anticomunista (que venía a significar filofascista)-, y tantas otras buenas personas que vivían con la espada de Damocles de la sinrazón en un eterno e incomprensible mundo de aniquilación.
Pero quizá lo más espeluznante no sean los muertos, sino los vivos, todas esas familias -la de Robles Pazos, por ejemplo, mendigando una partida de defunción de la que dependía sus subsistencia-, esos amigos -como Dos Passos, censurado de por vida por anticomunista (que venía a significar filofascista)-, y tantas otras buenas personas que vivían con la espada de Damocles de la sinrazón en un eterno e incomprensible mundo de aniquilación.
miércoles, noviembre 16, 2005
Dediqué el mes de octubre a leer Bomarzo, uno de mis proyectos de lectura por mucho tiempo dormido. Ha supuesto un grato paréntesis en el ajetreo diario. Si bien es cierto que más de una noche no he alcanzado a leer dos páginas, densas, cargadas, barrocas hasta la extenuación, el balance final es memorable. El monstruo, el arte, la vida, la fama, el crimen, las pasiones y los sueños. Una novela acordeón, llena de resonancias. Y con un final sorprendente, que hace imprevisible lo que parecía inevitable.
Ha valido la pena dedicarle tiempo. Bomarzo es una de esas obras que te acompañan ya para el resto de tus días.
Ha valido la pena dedicarle tiempo. Bomarzo es una de esas obras que te acompañan ya para el resto de tus días.
Decía Fraga el jurásico, a propósito de todas las manifestaciones que se hicieron en su día, y concretamente dirigiéndose contra el colectivo de actores españoles, a los que privó de la gala de premios Max, que él no iba a sustentar con su dinero (el de la Xunta, se entiende) actos que fuesen en su contra o le insultasen. Y retiró las subvenciones públicas.
Ahora salen a la calle los miembros de la Iglesia, con las casullas suyas. y protestan e insultan. El gobierno, vengativo y rencoroso, les paga con la misma moneda que antaño: ¡ojo! que os quito la subvención. Y todos ponen el grito en el cielo.
Hay una diferencia entre un caso y el otro. Los premios Max tuvieron que irse de Galicia, mientras que los curas, que mantienen su subvención, no se irán tan fácilmente.
A ver si maduramos ya como democracia y no confundimos churras con merinas. A Dios lo que es de Dios y al César con lo suyo.
Ahora salen a la calle los miembros de la Iglesia, con las casullas suyas. y protestan e insultan. El gobierno, vengativo y rencoroso, les paga con la misma moneda que antaño: ¡ojo! que os quito la subvención. Y todos ponen el grito en el cielo.
Hay una diferencia entre un caso y el otro. Los premios Max tuvieron que irse de Galicia, mientras que los curas, que mantienen su subvención, no se irán tan fácilmente.
A ver si maduramos ya como democracia y no confundimos churras con merinas. A Dios lo que es de Dios y al César con lo suyo.
domingo, noviembre 13, 2005
Hoy he acometido mi primer sudoku. Todavía no lo he terminado, pero engancha una barbaridad. Con esto de las aficiones tiene uno pánico a que, cambiando unas letraa, se conviertan en adicciones. Por eso abandono esta bitácora de tanto en tanto; por eso me olvido de escribir los pensamientos perdidos; por eso tengo el sudoku a medias sin atreverme a acabarlo.
De todos modos, de lo que quería hablar en realidad era de mi ex-abrupto de ayer a propósito de la manifestación contra la LOE. Creo que mis valoraciones fueron algo duras, pero también es cierto que determinados sectores de la Iglesia hacen gala de actitudes rayanas en el fascismo más intolerante. Ya dije que la ley es mejorable, pero no olvidemos el sistema que aplicaron los curas cuando ejercían el monopolio educativo. Hoy los profesores hemos perdido toda la autoridad, pero aún así preferimos eso a mantenerla al precio de hostias bien dadas, y no de las consagradas. Así que, cuando veamos a esos obispos, curas y monjas reclamar la recuperación de la dignidad de la enseñanza, acordémonos de aquel sabio principio didáctico, vigente durante sus cuarenta años de gloria educativa: "La letra con sangre entra". Todo un canto al respeto del individuo.
Y acabo, que me faltan tres cuadros del sudoku.
De todos modos, de lo que quería hablar en realidad era de mi ex-abrupto de ayer a propósito de la manifestación contra la LOE. Creo que mis valoraciones fueron algo duras, pero también es cierto que determinados sectores de la Iglesia hacen gala de actitudes rayanas en el fascismo más intolerante. Ya dije que la ley es mejorable, pero no olvidemos el sistema que aplicaron los curas cuando ejercían el monopolio educativo. Hoy los profesores hemos perdido toda la autoridad, pero aún así preferimos eso a mantenerla al precio de hostias bien dadas, y no de las consagradas. Así que, cuando veamos a esos obispos, curas y monjas reclamar la recuperación de la dignidad de la enseñanza, acordémonos de aquel sabio principio didáctico, vigente durante sus cuarenta años de gloria educativa: "La letra con sangre entra". Todo un canto al respeto del individuo.
Y acabo, que me faltan tres cuadros del sudoku.
sábado, noviembre 12, 2005
Hoy se manifestaron en Madrid cientos de miles de personas azuzadas por la jerarquía eclesiástica y por los poderes más retrógrados del país. Lo hicieron en contra de una ley de educación. No pretendo defender esa ley, que nace manca, tuerta y coja como (desgraciadamente) tantas otras. Lo que me indigna es que esos obispos, curas, beatos meapilas cargados de hipocresía y otras gentes engañadas bajo el señuelo de la buena voluntad, salgan a las calles ahora, y no para hacer lo propio contra la pobreza en el mundo o contra los intereses multinacionales bajo los que se explota a millones de niños, o contra una maldita guerra no tan lejana en la que nos metieron por la cara.
Y hoy los tenemos ahí con su zafio corporativismo, pues lo que en realidad defienden es, cómo no, la pasta, el vil metal que Jesucristo condenó hasta la saciedad. Si quieren hacer apostolado, que lo hagan desde los púlpitos y no desde las aulas, que ya bastante tenemos con lo que tenemos como para consentir una vuelta a la comunión Iglesia-Estado. Y que no tengan el morro inconmensurable de exigir mayor financiación de la que tienen, que por no pagar no pagan ni contribuciones inmuebles, mientras más de uno de sus fieles vive a la intemperie a la sombra de sus templos.
La escuela para aprender y formarse como ciudadano. La iglesia para la fe. Si es que son capaces de convencer todavía...
Y hoy los tenemos ahí con su zafio corporativismo, pues lo que en realidad defienden es, cómo no, la pasta, el vil metal que Jesucristo condenó hasta la saciedad. Si quieren hacer apostolado, que lo hagan desde los púlpitos y no desde las aulas, que ya bastante tenemos con lo que tenemos como para consentir una vuelta a la comunión Iglesia-Estado. Y que no tengan el morro inconmensurable de exigir mayor financiación de la que tienen, que por no pagar no pagan ni contribuciones inmuebles, mientras más de uno de sus fieles vive a la intemperie a la sombra de sus templos.
La escuela para aprender y formarse como ciudadano. La iglesia para la fe. Si es que son capaces de convencer todavía...
lunes, octubre 25, 2004
martes, agosto 19, 2003
Con esto de la literatura no sabes si las casualidades vienen a comer a tu mano, o eres tú quien, de manera inconsciente, enlaza los avatares. Lo digo a propósito de una cita anterior acerca de Erasmo, Valdés y demás reformistas. Acabo de leer El hereje la última novela de Miguel Delibes; no es una lectura reciente, pero hay que dejar reposar los caldos antes de catarlos. Aquí aparece, como contexto histórico de las desventuras de Cipriano Salcedo, la lucha religiosa en la España del XVI. Lucha desigual, claro: unos tenían las armas y otros ponían el miedo y el cuello.
Seguimos en las mismas, con montones de muertos por pensar diferente. A veces, hay que maquillarlo y decir que son terroristas, comeniños, negros, amarillos, rojos, judíos, pobres... En el fondo, siempre lo mismo: una pensamiento dominante dotado de todos los atributos para imponerse sobre las ideas heterodoxas. Y mientras, a uno solo le queda sentarse y leer, con el tibio lenitivo de revivir en otros sus propias cuitas.
Seguimos en las mismas, con montones de muertos por pensar diferente. A veces, hay que maquillarlo y decir que son terroristas, comeniños, negros, amarillos, rojos, judíos, pobres... En el fondo, siempre lo mismo: una pensamiento dominante dotado de todos los atributos para imponerse sobre las ideas heterodoxas. Y mientras, a uno solo le queda sentarse y leer, con el tibio lenitivo de revivir en otros sus propias cuitas.
jueves, agosto 07, 2003
La últimas lecturas de estos comienzos de agosto han sido dramáticas. Me refiero a que han sido obras de teatro: Lisístrata de Aristófanes y Muerte accidental de un anarquista de Darío Fo. Ambos textos son revolucionarios a su modo. El de Aristófanes mantiene una vigencia absoluta: las mujeres víctimas de la violencia de los hombres, el mordaz uso del chantaje sexual, la guerra justificada tan solo por intereses económicos. La farsa de Fo, sin embargo, es menos sutil, va directa al grano mediante el recurso del mundo al revés: el loco aporta las claves para esclarecer un crimen policial.
Bueno, ahí quedan esos momentos inolvidables: el marido griego con una erección descomunal "toreado" por una valiente mujer atrincherada en la Acrópolis; o el loco acompañado por los comisarios cantando "a las barricadas"...
Bueno, ahí quedan esos momentos inolvidables: el marido griego con una erección descomunal "toreado" por una valiente mujer atrincherada en la Acrópolis; o el loco acompañado por los comisarios cantando "a las barricadas"...
viernes, agosto 01, 2003
Acaba de publicarse un sesudo estudio acerca de la posible autoría de Alfonso de Valdés del Lazarillo de Tormes (creo que la investigadora es Rosa Navarro y la editorial Gredos). No he tenido ocasión de leerlo, aunque seguramente, con independencia de lo acertado o no de sus hipótesis, supondrá una buena ocasión de acercarse a una de las mejores obras de nuestra literatura. Las andanzas de Lázaro son un ejercicio de maestría narrativa, tanto por su sentido como por su forma. Es cierto que Alfonso de Valdés conecta ideológicamente con las tesis que subyacen en la obra (como muchos otros -aprovecho para recomendar la fenomenal tesis de Marcel Bataillon Erasmo en España - humanistas preocupados por la renovación religiosa de la época).
Pero más allá de la ideología del Lazarillo está su valor literario, su capacidad para convertirse en una lectura siempre abierta, siempre sugerente, siempre divertida.
De nuevo, la persistencia de los clásicos nos asegura un punto de apoyo para mover el mundo, aunque sólo sea con la imaginación.
Pero más allá de la ideología del Lazarillo está su valor literario, su capacidad para convertirse en una lectura siempre abierta, siempre sugerente, siempre divertida.
De nuevo, la persistencia de los clásicos nos asegura un punto de apoyo para mover el mundo, aunque sólo sea con la imaginación.
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