viernes, agosto 29, 2008

Siempre acompañándome esa inquietante sensación de que la vida es demasiado breve y que nunca llegaré a sentirme satisfecho. Tantos lugares y gentes por conocer. Y, sobre todo, tantos libros por leer...

miércoles, agosto 20, 2008

Hay un azar que ajusta cuentas con la humanidad de la manera más cruel. Da igual que se reduzcan los muertos en la carretera: un mal día se lleva por delante cientos de personas que soñaban en sus asientos con un feliz verano. Y se acabó. Todo lo arrasa un fallo humano, un error mecánico, una distracción, tres tragos de más; todo, lo vivido y lo que queda por vivir. Miras a tu lado y ves a esas personas que no conoces de nada, a tu mujer, a tus amigos, a tus hijos, a esa chica tan mona, la azafata haciendo gestos mecánicos con los brazos, tu compañero de asiento ojeando la revista que acaba de comprar, el niño que busca los mandos de los auriculares... y, de repente, nada, la nada.
Y en ese libro de cuentas del azar se han saldado todos los vanos esfuerzos por convertirnos en inmortales. La vida sigue. Mañana correrán nuevas vidas por esa pista. Alguien mirará a su lado y verá lo que ya no ven esos fantasmas. Mientras, nosotros seguiremos rezando por no ser la próxima anotación del severo contable llamado azar.

lunes, julio 28, 2008

Hay quien gobierna,
emperador de sí mismo.
en sus estancias,
y domina con orgullo
satisfecho,
pleno.
Hay quien tira
la llave de su hogar
tras cada vuelta
de camino,
seguro de no regresar
jamás.
Hay quien necesita
dos llaves para estar seguro
de no quedarse en la calle;
pero nunca sabe
a quién encomendar
esa puerta falsa
de su vida.
Ay, quién...

martes, julio 15, 2008

Pasé la tarde leyendo mis cartas y reflexiones de hace años. No me reconocía en aquellas líneas. El tiempo había roto todo lo que en ellas se exaltaba, las dichas y las cuitas. Estaba leyendo los desvaríos de un extraño, de otro que no era yo.
Traté de aprovechar al menos unas líneas, alambicadas. Pero me resultaba todo tan impúdico que apenas pude anotar unos versos con las aristas limadas.
Ahora sé que tengo guardadas en el armario un puñado de libretas ajenas, el testamento de alguien que murió hace años. Y no sé si estuvo vivo alguna vez.

jueves, junio 19, 2008

Cada vez que callas,
cada voz engullida,
cada palabra nunca dicha,
cae
cae
cae
eterna,
etérea,
y en tu estómago
revolotea.
Una bandada
de ellas
ha tomado el mando,
y como ángeles del silencio
rugen
rugen.
Rugen bruscas
buscando tu boca
para volar
y decir cuanto odian,
cuanto has callado,
cuanto has tragado.
Apartaos de este vómito
de palabras
corruptas.

miércoles, junio 11, 2008


Menos piquetes y más piquetas

lunes, junio 02, 2008

Ahí está la realidad, esa materia dura y firme con la que topas todo el día. Ahí está, roma y mordida. Tienes que escribir tus horas con ella. Tienes que dejar el trazo en la historia, el sendero de tus días negro sobre blanco. Afila minuto a minuto la realidad. Saca punta a todo lo que encuentres, a esos instantes zafios, vacíos. Clava el carboncillo de tu imaginación en el libro de horas. Deja tras de ti un rastro difuso de polvo añejo, un reguero de virutas perdidas en la memoria de lo inútil, de lo mediocre. Tienes por delante un papel infinito para llenar con el rasgueo de tu mano, de tu mente. No dejes que la vida quede despuntada. A golpe de navaja, afila tu arma. No busques el lápiz: eres tú.

jueves, abril 24, 2008

El ritmo de las cosas. Se trata de una sensación extraña, contradictoria. Me siento hiperactivo durante todo el día; agoto mis posibilidades; exploto mis recursos. Sin embargo, llega la noche y se apodera de mí la pereza. Me entrego al dulce vagar por tareas inútiles, insustanciales, la banalidad de los minutos que se pierden en un pestañeo.
Me remuerde levemente la conciencia pensar que podría aprovechar mi tiempo en grandes empresas para las que estoy capacitado. Que podría llevar a cabo mil proyectos atractivos. Ideas que llevan tiempo ocupando la bandeja de tareas pendientes.
Pero aquí me quedo, viendo pasar las horas, abandonado a la molicie de los desocupados. Y una parte de mí se siente feliz por este pequeño placer, por este perezoso pecado.

miércoles, abril 09, 2008

Mis últimos minutos del día están siempre ligados a las palabras. Leer, escribir, repasar líneas con la mirada o con la mano, crear o recrear.
No recuerdo otros finales de día. Incluso en mis años de calavera. En la mesita de noche siempre ha habido un libro. Y muy cerca una libreta. Ahora es el teclado del ordenador, sobre todo.
Dormirse acunado por las palabras es un gran consuelo ante la realidad cotidiana. Cada palabra abre un mundo en el que perderse, en el que encontrarse.
Muchas noches llego agotado al dormitorio. Me tumbo y apago la luz, pero me consume el remordimiento, la infidelidad a esas páginas que esperan ser leídas o escritas. Enciendo de nuevo la lamparilla. Leo, escribo... y descanso.

domingo, marzo 23, 2008

En el revés de la comodidad hay un submundo que bulle
con su rencor nunca satisfecho y su vida al límite.

Es una realidad paralela y vergonzante que encaja en los goznes del bienestar
con la amenaza de cerrarse y pillarnos los dedos.

Puedo verlos felices en su ignorancia que es sigilo,
en su inconsciente preparación de una nueva era,
el siglo de Némesis, la diosa justiciera.

Mientras otros tapan
sus ojos
o les cierran
sus bocas,
hay quien llora por ellos,
desolado,
aturdido,
con vana esperanza de aplacar aquella venganza
que se cierne sin que nadie lo sepa;
ni ejecutores ni ejecutados, nadie lo sabe,
porque siempre es mejor apagar la luz y pensar que nadie atravesará la puerta .

Y soñar que seguimos siendo los únicos seres de este mundo.

lunes, marzo 17, 2008

De pequeño pasaba horas escondido dentro de los armarios o debajo de las camas. Había un ropero enorme en el pasillo. Tenía varias baldas de madera que me servían de escalera para llegar a una especie de altillo en el que simulaba ser tripulante de una nave espacial o maquinista de tren.
Debajo de la cama, con aquellos somieres llenos de hierros retorcidos, pulsaba los botones que me propulsaban a la estratosfera. Otras veces, desplegaba a medias el sofá-cama y lo convertía en un vehículo impresionante.
He pasado mucho tiempo jugando solo en mi infancia. Creo que en esas horas eternas conmigo mismo se ha gestado esta entrega a los placeres solitarios, al monólogo, a la conversación sin respuesta. A estas alturas de la vida, sigo pareciéndome a aquel niño. Sigo jugando a pilotar enormes máquinas desde un rincón solitario. A estas alturas, aún sigo pensando qué voy a ser de mayor. Y sigo dejando pasar las horas desde este altillo...

sábado, febrero 23, 2008


Cerca ya de cumplir los cuarenta, miro hacia atrás y creo que he conseguido buena parte de las cosas que había soñado lograr. Tal vez necesite un cambio que dé sentido a mis próximos cuarenta...

miércoles, febrero 13, 2008

Siempre bajo los focos,
envuelto en la turbia
suciedad
de las miradas de otros.

Las horas se alargan,
agonía,
estirando las pupilas
sobre mi piel,
untando de ojos
cada uno de mis segundos.

En estos días
en que la voz,
mi voz,
salpica de palabras el mundo,
en un duelo entre voz y miradas,
sueño con un paraíso de silencio,
sueño con la cámara oscura
en la que ningún ojo
me escrute,
me profane.

Y mañana, los ojos,
otros ojos,
los mismos,
qué más da.

lunes, enero 28, 2008

Encontramos en el Lazarillo de Tormes este Tratado IV que reproduzco completo:
Hube de buscar el cuarto [amo], y éste fue un fraile de la Merced, que las mujercillas que digo me encaminaron, al cual ellas le llamaban pariente. Gran enemigo del coro y de comer en el convento, perdido por andar fuera, amicísimo de negocios seglares y visitar, tanto que pienso que rompía él más zapatos que todo el convento. Éste me dio los primeros zapatos que rompí en mi vida; mas no me duraron ocho días, ni yo pude con su trote durar más. Y por esto, y por otras cosillas que no digo, salí de él.
En una obra que encandila por sus detalles, ese silencio de Lázaro y la propia brevedad del capítulo hacen pensar en la magnitud de lo que se oculta. En la literatura, como en la vida, siempre vemos la punta del iceberg. De ahí que los malos escritores se empeñan en vano mostrando el bloque completo, cuando el buen lector sólo exige lo preciso, el indicio mínimo que le sirva para seguir leyendo, para seguir soñando.
Numerosas son las obras que usan de ese principio de economía narrativa: Pedro Páramo, de Juan Rulfo, sería el paradigma de todas ellas. Pero, a la vez, cada vez son más difíciles de hallar en unos tiempos caracterizados por la desmesura en todos los niveles.

Imagen original: www.flickr.com/photos/41894166582@N01/8511218
Afortunadamente, me he topado con una novela que cumple con esos requisitos. Se trata de La carretera, de Cormac MacCarthy. Es una novela que me ha recordado las palabras finales de El corazón de las tinieblas de Conrad: ¡El horror!
Porque ese sentimiento nos acompaña en su lectura, breve pero intensa, cargada de un miedo indescriptible a la última página. Sin ser una novela de terror, lo induce; sin ser una novela filosófica, se proyecta en múltiples reflexiones; sin ser sentimental, descubrimos pulsiones básicas del amor filial.
Y lo mejor, los silencios; ese vacío narrativo que el lector debe llenar. Un vacío que, a medida que se va llenando, el lector preferiría no haber conocido. Porque en ese horror participamos todos.
No perdáis la oportunidad de leerla.

miércoles, enero 02, 2008

Decía una canción de aquellos punkis de época: "A cuenta de prometer / el reino de los cielos / algunos vivillos / lo que están haciendo: / es su propio cielo particular / en la tierra; / compre un pedazo de cielo / pagando la cuota mensual".
Viendo las manifestaciones de estos días, parece que ya no están dispuestos a depender ni tan siquiera de esa cuota mensual, pues quieren pasarnos factura a todos. Atacan a la democracia (dicen que vamos camino del caos) para defender a la familia cristiana. Ellos son unos señores y señoras que forman una secta de solteros empedernidos que santifican la virginidad, así pues apoyan a la familia pero no para tenerla ellos, qué curioso dilema. Les acompañan otros tantos que despotrican contra el divorcio exprés, ellos que siempre lo han podido disfrutar sin prisas (previo pago a la susodicha secta). Y todos contra los homosexuales, contra las madres solteras, contra los distintos, y contra las que abortan, aunque lo hagan bajo una ley que no derogaron quienes sujetan las pancartas (por lo visto, vale la pena que nazcan seres a mogollón aunque sea para vivir hacinados en favelas o masacrados en sus guerras).
En fin, que he visto las imágenes y me he puesto de mala uva. Y se me viene a la mente la figura de Jesucristo frente a los fariseos, un Jesucristo que, si ha existido alguna vez, hoy estaría frente a ellos soportando sus insultos.

viernes, diciembre 28, 2007

Cada final de año hago balance de lo que he leído, de ese pequeño monstruo que crece en mí a ritmo inexorable. Tengo anotadas mis lecturas y observo la evolución de mis hábitos como Mendel observaba sus guisantes.
He llegado a varias conclusiones, aunque algunas prefiero rumiarlas y darles forma con serenidad. Sin embargo, es ya un hecho que me estoy haciendo un sibarita de los libros. Y digo de los libros y no de la lectura porque sigo leyendo de todo, lo que ocurre es que ya no compro libros como antes. Quizá estoy dominando el deseo compulsivo de acumular libros, de almacenar tomos comprados sin ton ni son en librerías de viejo, en rastrillos, en la cuesta Moyano.
En mis estadísticas veo que compro muchos, muchos menos libros. De igual modo, al comprar menos, no me importa pagar a precio de novedad. Fíjate, yo que siempre he vivido de libros de bolsillo...
Y ahora, me da un poco de miedo que esa evolución me lleve hacia libros caros, rarezas, joyas bibliográficas. Tal vez acabe convertido en un maníaco coleccionista que asesina a viejos libreros para apoderarse del Necronomicón, o de la Comedia de Aristóteles. Mientras tanto, seguiré leyendo un rato para aplacar a ese monstruo insaciable que crece y crece en mi interior.

sábado, diciembre 01, 2007

Hay cierto placer oculto en pasear a solas por la ciudad. Con ese ritmo tranquilo, casi sospechoso. Caminar sin rumbo. Contarte historias en silencio. Detenerte en una esquina sin saber qué camino tomar. Confieso que alguna vez he tenido que disimular, hacer como que esperaba a alguien, mirando el reloj, con cara de extrañeza. Era joven y me preocupaba lo que pensaban los demás. Ya me da igual. Ahora, me compensa el placer de vagabundear por las calles solitarias cuando la ciudad está en sus casas, frente a la cena, en el sofá. Sentir el golpe de viento frío al torcer la esquina. Oír mis pasos repetidos. Y cuando regreso a casa, vuelvo con la sensación del adúltero, con la leve culpa de un engaño que nunca lo fue. Y con la memoria llena de conversaciones conmigo mismo.

Imagen original: www.flickr.com/photos/17513020@N00/555750344

domingo, noviembre 25, 2007

Sé que hay lugares que no visitaré jamás, gentes que no conoceré, vidas que nunca compartiré. Lo he sabido siempre y esa sensación me ha acompañado desde pequeño. He aprendido a convivir con la duda eterna de si esta vida que vivo es la que me tocaba vivir. Con la Duda. Y, al pasar los años, lejos de asimilar esa limitación humana, esa certeza de lo efímero de mis días, me abruma cada vez más la imposibilidad de abarcar el universo y hacerlo mío.
Hay noches en las que sueño que vuelo. Qué original. Y aprovecho para viajar por ese mundo inabarcable, mientras el sueño se convierte en el aleph, en ese agujero infinito que contiene la totalidad de lo conocido y lo ignoto. El despertar se convierte en una frustración, pues siempre me quedo al borde de ese abismo final, justo donde empieza a saciarse el ansia de plenitud.
Ya sereno, en la vigilia, me entrego a la lectura para vivir las vidas que nunca compartiré, para conocer a las gentes que nunca conocí y para visitar aquellos lugares que nunca visitaré. ¿O sí?

Imagen original: www.flickr.com/photos/28442702@N00/143762891

miércoles, noviembre 14, 2007

Leo
compulsivo,
sin mesura,
a través de los días,
a través de los semáforos,
en el envés de las hojas.

Y de repente,
un suspiro,
y se apaga
la voracidad de ese gusano
que te despierta a mitad de sueño
y te pide renglones de tu vida.

Puede pasar un día,
que antes parecía una eternidad,
o una semana o un mes,
sin leer,
sin leer,
sin leer...

Sin leer lo que quiero
porque me alimento de renglones de prosa,
demasiada prosa de pantalla,
con lágrimas catódicas
puestos los ojos en ojos ajenos.

No leer es pasajero,
porque, si no lo fuese,
...
...

lunes, octubre 29, 2007

Se hincha tu ego como el aire de un globo, repleto de nada. Resuena en tu mente, mientras creces, el campanilleo de la alegría, como cuando escuchabas aquellos 99 globos rojos de la canción. Asciendes entre la admiración de los domingueros, de los paseantes, de los hombres de campo que caminan despaciosos. Y, cuando tocas el techo, te quedas ahí, con una sonrisa estúpida mirando a la multitud, creyendo de verdad que quieren ser como tú, estar donde tú estás, sentirse altos y libres, cuando sólo quieren mirar hacia arriba por huir del suelo, sin importarles quién diablos eres.
Acabada la fiesta, recogen sus picnics y te quedas allí solo, deshinchándote a un ritmo insoportablemente moroso, descendiendo una pulgada por día, cuando querrías bajar de golpe y quedar a dos metros bajo tierra, oculto a las impúdicas miradas de la plebe.
Pero eres insaciable y sabes que volverás una y otra vez a conocer las nubes; volverás domingo a domingo, verano a verano, a hincharte a llenarte de un pedazo de nada que para ti es todo. Aunque alcen sus miradas hueras, habrás descubierto que sólo tiene sentido subir cuando existe la necesidad de bajar, que sólo conocen el placer de la plenitud quienes alguna vez sufrieron el vacío, que sólo el otoño da sentido a la primavera.


Imagen original: www.flickr.com/photos/39027808@N00/313353944

sábado, septiembre 29, 2007

La palabra persona viene del latín persona, máscara usada por un personaje teatral (a partir del griego προς, delante y ωπος, cara).
Lidio en la vida social en pocas ocasiones, pero, como persona, me coloco esa máscara que me define y oculta a la vez. Sé que soy distinto en función de quienes me acompañan. He descubierto que la madurez consiste en eso, en saber ponerse la máscara adecuada, en participar en una farsa en la que los papeles están definidos de antemano. Salgo a una función de la que desconozco el argumento, en la que incluso puedo ser la víctima al doblar la esquina.
La palabra persona nos define como máscaras, pues sólo las personas somos capaces de fingir la vida, sólo unos seres como nosotros somos capaces de convertirnos en personajes distintos y seguir siendo los mismos por dentro, seguir siendo unos completos desconocidos para quienes nos rodean, como actores de escena, como auténticos mentirosos.

Crédito de la imagen: www.flickr.com/photos/88864835@N00/34214919

lunes, agosto 27, 2007

Para escribir algo sensato, tengo que estrangular al filólogo que llevo dentro.
La lógica es aviesa camisa de fuerza y te constriñe hasta hacerte escribir frases como la que acabas de leer.
Mis mejores sentencias obedecen al impulso ciego de lo errante:
'Escribir es caminar sin rumbo hacia la esquina inferior derecha del papel'.

Imagen: www.flickr.com/photos/25747229@N00/271261115

martes, julio 24, 2007

Hay personajes de novela que configuran auténticos arquetipos universales. Don Juan, Emma Bovary, Raskolnikov, don Quijote...
La primera novela de Luis Landero fue Juegos de la edad tardía. La leí prácticamente al comienzo de mi carrera como filólogo, lo que la convirtió en una especie de acto fundacional. Es una novela sobre el acto de escribir, pero también sobre la realidad y la ficción, una novela llena de personajes herederos de Cervantes, una magnífica novela.
He leído después todas las novelas que ha ido publicando Landero a lo largo de los años. No han sido muchas, es verdad, ni tan buenas creo como la primera, aunque todas tienen ese toque cervantino que las hace apreciables.
Y también en todas ellas aparecen unos personajes con dobleces y llenos de humo. En la última de ellas, Hoy, Júpiter, que se acaba de publicar, se entrecruzan las historias de dos personajes marcados por la obsesión de un futuro que nunca llega, cada cual con su meta particular, tan distinta, tan parecida, como en la vida misma. Y un fondo de personajes secundarios también de retablo cervantino, máscaras, ficciones, engaños y humo, mucho humo.
Ha sido una novela extraña, un poco lenta y, a veces, sobredimensionada. Sin embargo, me parece que Landero ha reencontrado con acierto aquel camino que emprendió hace años. Y vuelve no sólo a Cervantes, sino a Calderón, a Góngora, a Quevedo, al humo, la sombra, la nada.

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sábado, julio 14, 2007

Los veranos tienen algo de suicida. He terminado de leer Tokio blues (Norwegian wood) de Haruki Murakami, una novela sobre la que planea siempre un suicidio. Me ha gustado el ambiente, la banda sonora, las sensaciones que casi se palpan entre sus líneas, todo ese erotismo mórbido e ingenuo a la vez.
En cuanto al suicidio, cualquier adolescente tiene derecho a pensar alguna vez en ello. Es necesario reflexionar sobre nuestro propio poder como bestias humanas, sobre el alcance de nuestros actos extremos. Al entender esa posibilidad de aniquilación del yo, facilitamos la configuración de nuestra identidad como adultos. Quizá los suicidas no sean más que adultos que, por no poder regresar a su adolescencia incompleta, acaban ejerciendo su desmedido poder.
Y Tokio blues satisface ese regreso a la adolescencia, pues es una novela de aprendizaje, como una Bildungsroman a la antigua usanza. Pero también es una novela sobria y morosa, con el ritmo preciso para deleitarse en las palabras medidas del personaje. Y, para mayor satisfacción, es una novela intertextual, llena de guiños al lector y al oyente de libros y música de los últimos treinta años.
Y mientras uno lee, no para de pensar en lo solos que se quedan los muertos, siempre con sus eternos dieciocho o veinte años, siempre.

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viernes, junio 08, 2007

No es justo que tenga abandonado este blog durante tanto tiempo. Por eso, me he ido a FlickrCC dispuesto a bajarme la primera imagen que saliera al azar e improvisar sobre la palabra que le dio origen.
¡Qué casualidad! LOVE. Vaya...
Hoy mismo me habían preguntado cuántas veces me había enamorado en mi vida, y apenas sabría certificar más de dos o tres ocasiones en que pudiese estar hablando de amor, amor. Y aun así, es tan distinto el amor con el paso del tiempo...
Hace un montón de años leí 'El arte de amar', de Erich Fromm. Seguramente, pocos enamorados a lo romántico aceptarían las tesis del autor, que viene a decir que amar es un acto de voluntad, justo lo contrario de esa idea sutil del amor como sentimiento irrefrenable y cautivador del que no se puede escapar. Para amar hay que esforzarse; lo otro es capricho, deseo, o cualquier otra cosa.
No sé si vosotros os esforzáis por amar. Vivimos en unos tiempos en los que esta cultura de lo fácil no fomenta esa visión abnegada del amor como acto volitivo. Tampoco sé si vale la pena nadar contra corriente y exigir a las meninges lo que niega el corazón (ya he caído en el topicazo...). Por otro lado, es tan tentadora la teoría del flechazo, que pocos se atreven a discutirla abiertamente, y menos si son sufridores de monótonas vidas en común.
El amor, el amor; tan poderoso como para alterar el azar y presentarse en forma de imagen en una noche en la que a alguien le apetece escribir y no sabe de qué.

Crédito de la imagen: www.flickr.com/photos/31751386@N00/7760134

jueves, mayo 10, 2007

Empecé a escribir este blog hace casi cuatro años. Fue flor de la curiosidad y en él se colaban ilusiones y alguna que otra rabieta. Por entonces, pocos sabíamos para qué servía un blog; yo aún no lo tengo claro, y quizá por eso sigo escribiendo en él.
Luego, justo en el boom de los blogs, multipliqué mi presencia bloguera ya con fines profesionales. Sacrificaba este rinconcito para las cuitas personales, mientras mimaba mi vertiente pública.
El caso es que, ahora, tengo dos personalidades escindidas: la pública y la menos pública, que luchan por mezclarse. En ocasiones visito en la red a algunos amigos que también son compañeros de oficio y no sé si debo entrar en sus dominios con mi cara personal o con mi cara profesional.
Ya sé que no soy el único que sufre esta dolencia del doble-usuario, pero, en la medida que crecen mis favoritos, la esquizofrenia es mayor. Y la tendencia a crear nuevas personalidades, nuevos usuarios para nuevos usos, me empieza a provocar urticaria.
¿En cuántos segmentos puede un individuo parcelar su identidad sin riesgo para su integridad? Doctor, ¿debo seguir dividiéndome cuál lúbrica ameba o mejor me reconstituyo en un único ser como el malo de azogue de Terminator?

jueves, abril 05, 2007

Libros, libros, libros, libros...
El tercer policía, de Flann O'Brien, sorprendente, distinto, con engaños, con cierta burla de los críticos serios, si los hay, una vuelta de tuerca a la narración convencional.
Estambul, de Orhan Pamuk, me descubre una ciudad desconocida, llena de sabores, a la altura del universo literario tejido alrededor de Nueva York o París, pero a la turca, y que entronca con mis lecturas de Galdós y Baroja.
El profesor, de Frank McCourt, muestra algunas de las experiencias que vivo a diario, satisface la curiosidad morbosa de ver a los otros en el trance docente y, sobre todo, ratifica algunas de las premisas educativas que pocas veces me atrevo a compartir con mis colegas.
Llámame Brooklyn, de Eduardo Lago, metaliteratura, metanarración, metáforas de la escritura al modo de muñecas rusas, con personajes-símbolo que se escriben y se fingen a sí mismos (creo que Frank, el dueño del bar, constituye el mayor logro narrativo de la novela, con esa labor de director de orquesta, de demiurgo sin saberse tal).

www.flickr.com/photos/29931767@N00/105783011

viernes, marzo 30, 2007

La realidad del mundo se presenta a nuestros ojos múltiple, espinosa, en estratos apretadamente superpuestos. Como una alcachofa. Lo que cuenta para nosotros en la obra literaria es la posibilidad de seguir deshojándola como una alcachofa infinita, descubriendo dimensiones de lectura siempre nuevas.

Italo Calvino

Llevaba, por lo menos, dos meses intentando encontrar un buen momento para recuperar esta cita. Cuando por fin me decido, encuentro aquí la misma referencia, incluso más elaborada.
Internet es una alcachofa infinita en la que nos repetimos sin cesar, sin cesar, sin cesar...

Foto: www.flickr.com/photos/49503154413@N01/100038316

jueves, marzo 22, 2007

Ayayayayyyy... Dónde nos hemos metido con los blogs (ya nadie se acuerda de las bitácoras, con lo bien que suena, a mar...). Anda la comunidad bloguera muy despendolada últimamente. Parece que se acabó la serenidad en los blogs profesionales (los otros nunca la han tenido).
Tenemos blogs de trinchera, reivindicativos, que esgrimen sus posts como poesías de guerra.
Blogueros hay ya que se retiran angustiados ante la avalancha de horas requeridas y ante el acoso de la prensa, de los lectores, de sus obligaciones familiares y de sus respectivos egos (sin acritud, pues yo mismo he escrito sobre esa quemazón).
Ya empieza a verse el 'no me copies, que me enfado', lícito, sí, pero inevitable en un medio como éste, tan vasto, tan basto.
Y las trifulcas por un quítame-allá-esas-pajas (con perdón): que si fulanito está trasnochado, que si menganito no sabe lo que dice, que si zutanito lleva meses diciendo lo mismo... y tú más.
Así que, tal y como está el panorama, no es de extrañar que necesitemos hiperventilación no digital. Habrá que volver a la letra impresa, abandonar por amplios periodos estos lares virtuales y dedicarse al cultivo de hortalizas u otros menesteres. Difícil será resistirse a la llamada de la red, pero todo se andará. ¿Para cuándo una ley anti-blog?; los que nos sentimos atufados la necesitamos ya.

miércoles, marzo 21, 2007

el ritmo que marca este medio
la música virtual enfervorecida
el pasar de los días
la fricción de las páginas
pasando una detrás de otra
enlaces y comentarios
retroalimentación
los días
los minutos
el ratón
derrapando en una curva cerrada
y las palabras
palabras
más palabras que suenan
como ecos de tu propia voz
con la mirada de toda esa gente
esperando a que digas algo
esperando
ahí
pendientes de ti
y tú ardiendo
deseando apagarte entre la multitud
y descansar

sábado, marzo 10, 2007

Ubi sunt?




Salgo a pasear por las calles en fiesta. La gente pulula enfervorecida, ebrios de alcohol y de juventud.
La vida es la misma mierda para todos nosotros. Ha pasado el tiempo y sólo hemos conseguido un punto de vista distinto de la escoria en que vivimos. Ayer yo era así y gritaba por las calles y cantaba y bebía y me burlaba de los viejos y de los matrimonios con hijos y toreaba a los coches que se metían por equivocación en el atasco si no era yo mismo quien conducía.
Ahora estoy al otro lado de la mierda, de la vida que no es mierda por desagradable, sino por efímera, por insustancial, por su nulo valor más allá del penetrante olor que uno percibe de ella.
Podría hacer un elogio de esos años, o una elegía. Pero sería revolcarme en la podredumbre de los días. ¿Para qué volver al otro lado de la vida cuando ya has apurado sus heces?
Y de todo lo vivido quedan esas canciones que configuran la banda sonora de nuestra vida, de nuestra mierda vida.
Sexo, drogas y rock'and'roll, ubi sunt?

domingo, febrero 18, 2007

Viento
Sopla por ahí un viento extraño, de voces que arañan en la cara. Sales a la calle y notas a la gente airada. En la mirada briznas de furia. Vehementes. Aventados.

Cada día me cuesta más no crisparme. Mantener la calma y no entrar al trapo. Pero ese maldito viento que cruza la calle y que se me viene a los ojos...

Voy a buscarme una recacha y me sentaré a ver si se calma este cierzo de odio.
Original image:
by: Beny Shlevich

lunes, enero 29, 2007

Hace una semana me miraba en el mar y no me encontraba. Quizá sólo soy un espejismo. Esta bonanza que vivo no parece real. Puede que esté en la plenitud de mi vida, en ese gozoso momento del que todos hablan cuando llegan a la vejez:
'Aquello fueron buenos años: tenía un trabajo que me gustaba, desarrollaba proyectos con encanto, disfrutaba de mi familia, iba a la playa a pasear en pleno invierno...'
Me siento tocado por el dedo divino. Miro atrás con desconfianza. Me veo y no me creo. Junto al mar, casi no había olas, menos que en verano. Sólo un tapiz que se balancea. Y mi sombra de gigante, pero eso sólo, sombra. Con mis sueños de gigante casi cumplidos, pero eso sólo, sueños.
He escrito hoy casi por compromiso. Ha pasado una semana: ha nevado y hace un frío del carajo. El paseo por la playa era una espinita en mis benévolos recuerdos. ¿Será cierto que sólo los infelices se abren camino a la gloria? ¿Estaré condenado a la mediocre vida feliz? ¿Por qué me pregunto estas idioteces, en lugar de disfrutar de la playa como cualquier hijo de vecino?
En fin, dudas de Robinson que no van a ningún lado.

jueves, diciembre 14, 2006

Me estresa estresarme, pero, si no ando estresado, me estresa la inactividad. Muevo cien cosas a la vez, noventa y nueve inútiles y una absurda. Sin embargo, todo encaja. ¿Será que lo útil es algo inútil disfrazado? Porque, ¿qué es la vida sino un cúmulo de inutilidades que nos conducen al gran absurdo? Tanto afán, tanto afán... Me veis aquí, nos vemos aquí, de un lado a otro, siempre jodidos, siempre contentos.
Nada, lo dejo, que últimamente la cosa mística anda fatal (y la otra, también)

sábado, noviembre 11, 2006

Cuantas más palabras ajenas tengo, menos espacio les queda a las mías. Parece que hable un idioma extranjero, que viva todos los días en una lengua que no es la mía, que todo sea un esfuerzo baldío por entenderme con extraños.
No me encuentro la voz de tanto oírme en ese falsete. Me salen gallos cuando me pongo grave y corro serio peligro de que nadie me tome en serio.
Así lleno cuartillas en inglés, francés y arameo, hojas sin sentido que sólo sirven para olvidarme de cómo sonaba mi voz, de qué aspecto tenían mis letras.
Sólo me consuela una cosa: el hecho de estar solo hace que no importe qué lengua hable, pues no ha de escucharme nadie más que yo.

martes, julio 25, 2006

Vuelvo la vista atrás y remiro mis últimas lecturas como el condenado que cree que su vida ha de acabar en breve. ¡Qué trágico! Bueno, dediqué los huecos de junio a la lectura de 'Leviatán' de Paul Auster, de quien no había leído nada. Me hizo pensar que 'La velocidad de la luz' de Javier Cercas estaba estrechamente emparentada con ella... Seguí con los raros y me tragué 'El dios reflectante' de Javier Calvo: bien, bien, Hanif Kureishi, Martin Amis, Bolaño, algo se mueve en la literatura momia española, aunque después de esas sobredosis de locura, apetecen cositas relajadas como la última novela de Eduardo Mendoza. Estos últimos días he viajado en los trenes chinos con mi viejo Paul Theroux, muy oxigenante; en medio me comí la delicatessen de 'El último encuentro' de Sándor Márai, que me dejó turbado, como siempre ocurre con las buenas novelas. En las últimas horas he deglutido cuatro novelas juveniles, bastante sosas todas y que sólo recomendaré en caso de apuro (quizá se salve 'Llámalo X' de Marinella Terzi, porque cuenta bien una historia bastante banal por cierto).

miércoles, julio 12, 2006

Dice Céline en el 'Viaje al fin de la noche':

'Como promedio, el verdadero sabio necesita veinte largos años para efectuar el gran descubrimiento, el que consiste en convencerse que el delirio de unos no hace la felicidad de otros y que cada quisque en esta tierra está en pugna con la idea fija del vecino'

Tiene, además de esta, otras frases memorables que no puedo resistirme a copiar:

'La gran derrota, en todo, es olvidar, sobre todo, lo que te mata, y morir sin llegar a comprender jamás hasta qué punto los hombres son bestias. Cuando estemos al borde del hoyo no nos pasemos de listos, pero tampoco olvidemos; hemos de contarlo todo, sin cambiar ni una palabra de las lacras que hemos visto en los hombres, y entonces liar el petate y bajar. Es suficiente como trabajo para toda una vida'

'El pobre de este mundo tiene dos grandes alternativas de diñarla: sea por la indiferencia absoluta de sus semejantes en tiempos de paz, o por la pasión homicida de los mismos cuando llega la guerra. Si empiezan a pensar en ti, sólo soñarán en torturarte, y nada más que en eso'

Y otras que podrían figurar como aforismos de antología:

'Tener confianza en los hombres equivale a dejarse matar un poco'

'Casi todos los deseos del pobre están castigados con la cárcel'

'La miseria es gigantesca y se sirve de tu casa para limpiar las porquerías del mundo, igual que lo haría con una bayeta. Y siempre queda algo'

Céline, un autor extraño, polémico y lleno de fantasmas.
Acabo de encontrarme con otro que no soy yo. Me he buscado en google y ha aparecido un blog que he escrito sin saberlo. Con mi nombre. Con mi apellido. Dice cosas que he soñado alguna vez, que he pensado y que he temido, pero son palabras de otro. De alguien que se llama como yo, pero no soy yo. Lo juro. Tengo miedo de que alguien lea ese blog y piense que yo pienso eso. Miedo de que piense que yo escribo eso que pienso y no escribo. Incluso me aterroriza la idea de que ese que firma con mi nombre no sea quien dice ser, sino alguien que me sueña, que me imagina parecido a como soy, a mi propia idea de como soy. ¿Tenemos derecho a suplantar nombres? ¿Podemos suplantar ideas de alguien que se llama como nosotros?
Ahora no puedo dormir tranquilo sabiendo que alguien que se llama como yo puede estar escribiendo algo que debería escribir yo. Pero no me atrevo. Ni a escribir. Ni a pensar. Ni a dormir... por si me despierto siendo el otro.

martes, julio 11, 2006

Tejas

Tejas
unas sobre otras
dejadas caer
sobre ellas
el horizonte.
Al fondo
la montaña
más abajo
la playa.
Juegan las niñas
lejos.
Suena algo
viejo
ceñir cejas
una sobre otra
por debajo
el horizonte.
Algo hogar
holgar algo.
Y ellas juegan
las tejas
lejos.

martes, junio 13, 2006

Un maestro

Me acabo de enterar de que ha muerto mi maestro. Se llamaba Hipólito Álvarez -todavía conservo los boletines de notas del colegio, con su letra picuda, desmesurada-. Era un gran hombre, no me cabe duda. Hasta sus últimos días, veintitantos años después de tenerme como alumno, guardaba de mí un cálido recuerdo, y sus palabras de apoyo al saber que yo había seguido sus pasos para acabar siendo profesor, son testimonio de su maestría.
Don Hipólito era un hombre de claroscuros: parecía duro, casi guardia pretoriano, y, a la vez, educado y amable. Recuerdo que fue el primero que nos habló de la reproducción humana, en una época en la que los niños seguían viniendo de París. Se inflamaba con la memoria de los discursos de Castelar -qué raro se me hace todo, el sonoro nombre de Castelar en tiempos de Franco, con referencias a la Plaza del Caudillo, antes de Castelar, en esos años en que cuestionar los nombres era tan peligroso-.
Suena tópico decir que fue un padre para mí, pero lo cierto es que conoció a mis hermanos, a mis padres, a mis sobrinos y a mis hijas, así que formaba casi un anexo de nuestra familia.
He pasado buenos ratos, ya como padre, oyéndolo contar historias de jubilado en el parque. Historia emocionantes que formaban parte del patrimonio oral de cualquier español que se precie de su historia. Siempre le decía que tenía que escribir sus memorias, pero él ya estaba cansado.
Le perdí el rastro hace un año y pico. Tuvo que ir a una residencia -lamento no haber pasado a saludarle en más de una ocasión en que lo pensé-. Después yo me marché a otra ciudad y no había vuelto a saber nada hasta que hoy mismo me avisaron de su entierro.
Con él se muere una parte de mi historia, con él entierro algo de mi infancia.
Y me siento orgulloso de ser un maestro, de recoger en parte su legado.

sábado, mayo 20, 2006

Falsa autobiografía
Es posible que muchos de los matoncitos (bullying lo llaman ahora) que había en mis tiempos del cole se hayan convertido en probos ciudadanos; algunos habrán seguido las malas sendas que conducen a la trena o a los suburbios de la marginación. Pero lo que me atormenta hoy es que yo, que nunca fui uno de ellos, que siempre respeté las reglas del juego, oiga reproches acerca de no ser un tipo duro y que, con la edad aún tenga que soportar que me los pongan como modelo de hombre macho, muy macho.
Sobreviví en todos mis años de escuela entre chicos uno o dos años mayores que yo -por ser más listo de lo normal, me adelantaron un curso-, y tuve que lidiar con malas bestias que no entendían que un alfeñique -siempre fui poca cosa- los dejase en evidencia intelectualmente.
De este modo, y como auténtica herramienta de subsistencia en medios hostiles, desarrollé el mágico poder de la palabra, con el que llegué a convencerme de que todo se arregla hablando, que la violencia siempre es gratuita.
Me jodía bastante que las chicas no lo entendieran así. Y me elegían para hablar, pero para el ligue acababan con los malotes. Aquellos matoncitos seguían pisando mis ilusiones. Y todo por no ser un tipo duro.
Me estaba convirtiendo en un friki, nerd, como quiera que lo quieran llamar, casi condenado a matarme a pajillas oyendo a Kraftwerk o a coleccionar cromos del Lord of the Rings en una caja de galletas danesas.
Pero tenía la confianza de que cuando me relacionase con adultos, o mejor con adultas, mi don de la palabra superaría la falta de dureza. Y lo conseguí por un tiempo, pero, a la larga, todas acababan prefiriendo a tipos duros que las sacudían de un lado a otro, que les escupían palabras, esas palabras que yo veneraba.
Así que aquí ando hoy. Maldiciéndome por haber crecido entre matoncitos, por no haber tenido unos bíceps de arroba y media, por no ser mal hablado y cagarme en la madre que parió a todo el mundo.
He superado las barreras de la edad, pero en la última me he clavado el palo en la entrepierna, y en lugar de una blasfemia sólo me sale un grito en sordina, un educado mecachis que, como buen dialogador conmigo mismo, me consuela y me satisface como si fuese una pajilla mental.
En fin, más de lo mismo.

jueves, abril 27, 2006

He dejado pasar los días como un largo tren de mercancías cargado de recuerdos ruidosos. Acunado por el golpeteo monótono de las ruedas en las juntas, con la leve disonancia de algún eje travieso, me dormí en mis laureles. Ha sido un sueño galdosiano, de Fortunata y Jacinta peleando por su hombre, defendiendo sus pasiones, cada una la suya, tan iguales, tan distintas, mientras yo roncaba como un cerdo.
Así se me ha pasado hasta el día del libro, con sus voceríos y sus aires de mercachifle -qué bonita palabra para el certamen de la escuela de escritores; ¡mira que ganar 'amor',tan boba, sosa y cursi!-.
Pero mis olvidos se asubsanan siempre con una cita reparadora -una citirita- que me redime de mis largas ausencias. Como homenaje al libro, ahí os dejo una reflexión de Antonio Muñoz Molina:

'Basta tenerlos, saberlos dóciles al recuerdo o al gesto de la mano detenida en el aire que escoge un volumen o simplemente comprueba que siguen en su lugar exacto, basta percibir el orden y el numeroso silencio y oler el aire que los libros habitan, que tiene la misma quietud que el de las salas de los museos cuando se cierran sus puertas y los personajes de los cuadros quedan mirándose entre sí desde los balcones del tiempo. Como las estatuas, como todas la cosas inmóviles que cotidianamente nos acompañan y nos miran, en la oscuridad y en la noche los libros suelen agrandar su presencia, y uno es entonces el guardián ciego que los toca y los adivina y no puede verlos, igual que Borges en su biblioteca de Buenos Aires'.

Buenas noches.

lunes, marzo 27, 2006

Visiblemente afectado

la realidad
mis ojos en candil
goteando aceite
y un suspiro
para sofocar la pena
apenas leve

visiblemente
afectado

por las lágrimas
ajenas
por las sonrisas
propias
por las añejas sonrisas derramadas como lágrimas

visiblemente
afectado

por el desdén
en el desván
por la desmesura
del volcán
en el que se cuecen las desdichas de mi humanidad

visiblemente
afectado

por ti
y por mí
con estos ojos encandilados
y negros como aceitunas
que destilan como acre jugo
la realidad

visiblemente afectado

domingo, febrero 26, 2006

Interesan películas y libros inútiles. Bajo la excusa de que uno va al cine o lee un libro para pasar el rato y no para calentarse la cabeza, se comenten todo tipo de atrocidades contra el sentido común, el sentido artístico o, simplemente, contra la más mínima inteligencia humana.
Que la buena literatura y el buen arte suponen un ejercicio de libertad lo han entendido desde siempre en todas las culturas. De ahí que todos los poderes, también, hayan tratado de limitar ese ejercicio de creación y recreación lectora.
Mandamos y defendemos, que ningún librero ni impresor de moldes, ni mercaderes, ni factor de los suso dichos, no sea osado de hacer imprimir de molde de aquí adelante por vía directa ni indirecta ningún libro de ninguna Facultad o lectura o obra, que sea pequeña o grande, en latín ni en romance, sin que tenga para ello nuestra licencia y especial mandado (...)
Ni sean asimismo osados de vender en los dichos nuestros Reynos ningunos libros de molde que truxeren fuera dellos (...) sin que primeramente sean vistos y examinados por las dichas personas [obispos y arzobispos encargados de la censura], o por aquellos a quien ellos lo cometieren, y hayan licencia dellos para ello; so pena que por el mismo hecho hayan, los que los imprimieren sin licencia, o vendieren los que truxeren de fuera del Reyno sin licencia, perdido y pierdan todos los dichos libros, y sean quemados todos públicamente en la plaza de la ciudad, villa o lugar donde los hubieren hecho, o donde los vendieren; y más pierdan el precio que hubieren rescibido, y se les diere, y paguen en pena tantos maravedís como valieren los dichos libros que así fueren quemados.

Una Pragmática de los Reyes Católicos que confirma que los peores peligros que sufren los poderosos suelen venir más del pliego que del acero.

sábado, febrero 25, 2006

Imposible dedicar tiempo a estas labores. Sobre todo si estas malditas tecnologías se empeñan en no funcionar a tutiplén como se les exige (y como se le abona a la compañía correspondiente). Ando metido en la lectura de Fortunata y Jacinta, el novelón de Pérez Galdós -¡qué injusta boutade la de Valle-Inclán, llamándolo don Benito, el garbancero!
Hoy reflexionaba también sobre la artificiosidad de los géneros literarios, sobre la pesadez de los críticos y, en general, sobre el insistente vicio humano de clasificar y ordenar todo en cajoncitos con marbete florido. En el mismo género incluyen la Odisea, el Cantar del Mío Cid, los Cronopios, los milagros de Berceo y Crimen y castigo; en otro aparecen Catulo junto a Unamuno o Celaya; lo dicho, cajones para guardar trastos inútiles. Quienes leen, quienes disfrutan de la lectura, pasan por encima de los géneros, los ignoran y, si es preciso, los pisotean. Personalmente, considero igual de deleitoso un poema que un microrrelato; la Celestina o Cien años de soledad; Campos de Castilla o el Buscón. Para gustos se hicieron los colores y para alimentar a los críticos, los géneros.

viernes, enero 27, 2006

Ya la pregunta es: ¿Tienes página web o blog?
Se supone que todos tenemos una existencia virtual y quien no la tiene es como si no existiera. Hace unos años, unos siglos, la fama consistía en dejar tras de sí un libro, un monumento, un millón de muertos despanzurrados. Ahora estamos tan desprestigiados por la realidad que nos rodea que queremos deshacernos de ella, y para eso nos montamos un blog, nuestro paraíso inmaculado. El descrédito de lo real nos lleva a la absoluta nada, pues no nos equivoquemos: quienes, en mayor o menor medida, vivimos conectados a la red dependemos del capricho de cualquier mano que tire del enchufe y nos deje a oscuras. Así que huimos de la jungla humana y nos escondemos en la caverna del oso famélico.
Vamos, entonces, a no ponernos estupendos con estas líneas virtuales, no sea que nos pase como en el cuento de la lechera, y vengan Billermo Puertas, Jorgito Arbusto o Benito Laten y nos jodan el invento.

viernes, enero 13, 2006

Sobre la calidad de las bitácoras.
Todo lo que se factura a través del lenguaje es ficción. Los inventores del cine, la fotografía, vídeo, etc. creyeron haber descubierto la panacea para esquivar esa terrible maldición que supone la impostura del lenguaje. Pronto se dieron cuenta de que habían creado nuevos lenguajes, más o menos mentirososq ue las palabras. Partiendo de ese axioma por el cual asumimos que lo que llamamos verdades no son más que mentiras muy semejantes a la realidad, todo escrito (en la red, en un diario, en una enciclopedia) es comparable a la ficción, esto es, buena o mala literatura. Si debemos exigir, pues, calidad a un blog, exijámosle que mienta poco -o sea, que busque eso que llamamos información- o que lo haga descaradamente -es decir, que sea literatura-. A mí me gusta más lo último, porque siempre sé que todo es mentira, y no debo preocuparme por adivinar qué trola me han metido.

lunes, enero 09, 2006

Ya verán cómo de aquí a nada surgirán nuevos informes sobre el nivel educativo en España, sobre lo mal que van los estudiantes españoles en matemáticas, lengua, ciencias, etc. en comparación con Finlandia, Suiza o Uzbekistán (fíjense en los valores comparativos: siempre saldremos perdiendo en alguno de ellos).
Sinceramente, aunque estoy de acuerdo en que la cosa de la enseñanza no va bien (ya lo he apuntado en otros comentarios), desconfío de los catastrofismos. En las aulas, sigue habiendo de todo, como en botica. Y si vienen mal dadas, no echemos las culpas siempre a los chavales; ni al sistema. Todos somos cómplices.
De todos modos, el descrédito del saber es materia obvia en todos los ámbitos de nuestra sociedad. ¿Quién se preocupa ya por una redacción clara y ordenada? ¿quién conoce los rudimentos de la retórica? ¿quién rehace un escrito por cuestiones de estilo? ¿hasta cuándo se seguirá enseñando ortografía?
A veces, me gusta recordar aquella parábola en la que los fallos ortográficos desvirtuaban el significado de una frase (hay incluso un libro al respecto de ello Perdón, imposible):
El maestro quería explicar la vida del ermitaño y dictó a sus alumnos:
Comía como vestía, dormía sobre una vieja estera; la vida del santo.
Pero aquel díscolo alumno escribió:
Comía como bestia, dormía sobre una vieja; esta era la vida del santo.
Bueno, pues lo dicho, que no estamos tan mal como parece.

sábado, enero 07, 2006

Algunos militares españoles siguen pensando que son los árbitros de la democracia. Quizá lo único que les incomoda es tener que aprender catalán, algo extremadamente complicado cuando uno se comunica a base de monosílabos (recuerden la crucigramática voz de mando -AR-), o cuando se tiene como animal de compañía a una cabra.
En fin, que parecía superado el 23-F y nos ha salido otro militar protestón. Allá cada cual con sus ideas, hay que decir, pero ojo cuando el portador de tales ideas se halla al mando de medio ejército o del ejército entero.
Como decían los de la Polla Records en una canción acerca de la pistola: Mi culata y mi cañón / dan y quitan la razón, / delante o detrás, esa es la cuestión.

sábado, diciembre 31, 2005

En las lindes que separan el 2005 del 2006 han colocado los astrónomos, o los relojeros, un segundo de más, un segundo añadido.
Es un tiempo fuera del tiempo, un lugar ucrónico, algo que no existe.
Allí quizá todo sea perfecto.
Allí quizá valga la pena vivir.
Allí, entonces.

jueves, diciembre 29, 2005

Ahí va una de esas cositas que circulan por internet y que nos hacen sonreír a veces.

Curiosa lápida con mensaje anagramático:

JOHN
FREE YOUR BODY AND SOUL
UNFOLD YOUR POWERFUL WINGS
CLIMB UP THE HIGHEST MOUNTAINS
KICK YOUR FEET UP IN THE AIR
YOU MAY NOW LIVE FOREVER
OR RETURN TO THIS EARTH
UNLESS YOU FELL GOOD WHERE YOUR ARE.
MISSED BY YOUR FRIENDS

(Traducción)
Horizontal:
John, libera tu cuerpo y alma, despliega tus poderosas alas, sube a las montañas más altas, da patadas al aire... ; ahora puedes vivir para siempre o bien volver a esta tierra a menos que ya te encuentres bien allá donde estás. Tus amigos te echan en falta.
Vertical: ¡Jódete!

Si non è vero, è ben trovato...

martes, diciembre 20, 2005

Me pidieron -hace unos meses- para una selección de redactores en cierta revista -ni siquiera supe de qué tipo de revista se trataba- un artículo de mil palabras. Era una encerrona, pues, en principio, sólo se trataba de rellenar un inocente formulario; hasta que te topabas de bruces con esa exigencia. Casi nada, mil palabras. Así que, inasequible al desaliento, como dicen ahora los periodistas, me puse a pergeñar un artículo sobre el arte de hacer artículos. Y salió esto:

Un soneto me manda hacer Violante... ¿Cómo explicar con tanta brevedad un proceso de creación a veces tan complejo? Escribir un artículo requiere poner en marcha mil estrategias distintas (mil he dicho, como las palabras exigidas para este ensayo). En primer lugar, saber a quién va dirigido el artículo. No es lo mismo escribir para un adolescente que para un jubilado, ni lo mismo es escribir para una revista universitaria que para un newsletter de una compañía de impresoras. Una vez definido el lector es preciso atinar con el tono. El artículo puede ser profundo y exhaustivo, ligero, irónico, crítico, condescendiente, frustrado, sincero, cínico... Yo diría que hay tantos tonos posibles como estados de ánimo. De ahí que la maestría del articulista no sea escribir tal como lo siente, sino saber impostar el tono que mejor vaya con el artículo. Ya lo dijo Pessoa: el poeta es un fingidor; y el escritor de artículos es un poeta de lo cotidiano, un artista de la actualidad, un creador de obras efímeras que sólo debe aspirar a dejar un poso amable en el lector. Tenemos, pues, lector y tono; es el momento de trabajar el contenido. No hay temas difíciles en esta vida. En ocasiones, lo realmente complicado es hallar información sobre un determinado aspecto. Internet ha sido quizá la mejor herramienta de ayuda para salvar este escollo. Sin embargo, no todo el monte es orégano. Hay que discriminar la información para evitar que los árboles no nos dejen ver el bosque. Un buen artículo nunca se confecciona con el corta y pega. El lector actual ya no se deja engañar y sabe muy bien obtener información por su cuenta, de modo que es inútil venderle una ristra de datos que él mismo puede conseguir en menos tiempo que a mí me cuesta redactar este artículo. La información debe ser digerida y luego regurgitada. El escritor de artículos es una especie de camello que atraviesa los desiertos de la comunicación (nada más desalentador que una búsqueda en Google con 3 millones de resultados), para descansar en el oasis donde rumia todo cuanto su ávido estómago fue capaz de asimilar. Así, cuando se escribe un artículo, la información ya ha reposado en nuestro cerebro, ha pasado los filtros de la razón y del buen sentido, y está preparada para tomar forma ante el papel o la pantalla. Si este proceso se ha cumplido con éxito, tenemos ya medio ganado el sueldo, pues sólo nos queda esa labor de esculpido en palabras. He dicho sólo nos queda, pero ese sólo es, a veces, aterrador. Porque esculpir en palabras es el arte de escribir, y eso cuesta lo suyo. ¡Cuántas buenas ideas se han perdido porque quien había de transmitirlas era un pésimo comunicador! Y que me dicen de los malos redactores, con sus circunloquios y sus confusiones, sus idas y venidas sin un punto de llegada claro. Por no hablar de las faltas de ortografía, ¡horrible! El escritor de artículos debe sortear mil nuevos obstáculos (otra vez mil, me traiciona el subconsciente) a la hora de redactar y de poner en orden su información. Ya sabe el tono, el lector e incluso el contenido; ahora acomete la materia prima, esas palabras juguetonas que parecen decir lo contrario de lo que se quiere. Domarlas es su labor, reducirlas a un discurso claro y ordenado. ¡Qué fácil! Sí, para el primer artículo, o para los diez primeros, pero... ¿cómo no repetirte? ¿cómo conseguir que el lector, siempre exigente, siempre cruel, mantenga la atención si no ofreces un estilo variado en cada uno de tus artículos? Ahí está el quid. Es necesario que el articulista, además de camello, sea camaleón, que consiga disfrazarse y cambiar de estilo como de camisa, venderse siempre como un animal nuevo, aunque él mismo se considere ya un dinosaurio de la comunicación. Si llega al lector con cada artículo como si fuese el primero, como si cada texto fuese una veta nueva en el filón, el redactor habrá conseguido su propósito. Hay que reconocer que ciertos lectores gustan de determinados estilos; se solazan reconociendo determinadas formas de escribir. Eso vale para el escritor de novelas, o incluso, si me apuran mucho, para el articulista de opinión consagrado. Pero el humilde artesano de la palabra ha de conformarse con renovarse o morir. Ser el ave fénix de las publicaciones periódicas, surgir de la ceniza del número anterior redivivo en el nuevo. Solo con el lustre de la novedad se puede sobrevivir a la actualidad: los clásicos dormitan en las bibliotecas, no en los quioscos. Bien, ya sabemos que hay que redactar con un estilo siempre nuevo, siempre actual, siempre proteico. Ya hemos organizado nuestro discurso con las premisas anteriores. Ahora sólo queda pulirlo. El proceso de pulido depende en buena medida del tiempo de entrega. Si nos han pedido un artículo para entregarlo en un mes, lo normal es alcanzar los cinco o seis borradores. De hecho, cada vez que lo leamos, es lógico que cambiemos aquí un punto, allá un adverbio, acullá una cita. Si el periodo de entrega es de unas horas, la cosa se complica, pero no más allá de tener que releer con mayor premura lo escrito. Nunca debemos dar por definitiva una primera redacción, pues eso supone pecado de soberbia, además de un gran error de redacción. Lo ideal es que el texto madure un tiempo (¿horas, días?, depende... ) y que el redactor lo vigile con el celo de un estricto sommelier. Una vez decantadas las palabras, el artículo cobra una vida, a menudo, insospechada para el propio autor, que lo lee como algo ajeno, aunque bello. Si es esa la sensación, habremos conseguido nuestro propósito. Si no somos capaces de leer nuestro artículo como un objeto gratificante, todo el trabajo se irá al garete y habremos decepcionado al lector, al editor y a nosotros mismos (quizá, en estos casos, los mayores estafados son los propios autores, pues descubren su incapacidad de crear). Y al abrir la revista, ahí en un rinconcito, ese pequeño trozo de texto, sangre de nuestra sangre, que nos recuerda las siempre complicadas travesías por el desierto de la redacción.
Fin.

No volví a saber nada de los supuestos editores de la revista, a los que no sé si les cogería un mal dolor después de tanta elucubración. A ustedes espero que no les haya pasado lo mismo.

sábado, diciembre 17, 2005

1.- Los clásicos son esos libros de los cuales se suele oír decir: Estoy releyendo... y nunca Estoy leyendo...
2.- Se llama clásicos a los libros que constituyen una riqueza para quien los ha leído y amado, pero que constituyen una riqueza no menor para quien se reserva la suerte de leerlos por primera vez en las mejores condiciones para saborearlos.
3.- Los clásicos son libros que ejercen una influencia particular ya sea cuando se imponen por inolvidables, ya sea cuando se esconden en los pliegues de la memoria mimetizándose con el inconsciente colectivo o individual.
4.- Toda relectura de un clásico es una lectura de descubrimiento como la primera.
5.- Toda lectura de un clásico es en realidad una relectura.
6.- Un clásico es un libro que nunca termina de decir lo que tiene que decir.
7.- Los clásicos son esos libros que nos llegan trayendo impresa la huella de las lecturas que han precedido a la nuestra, y tras de sí la huella que han dejado en la cultura o en las culturas que han atravesado (o más sencillamente, en el lenguaje o en las costumbres).
8.- Un clásico es una obra que suscita un incesante polvillo de discursos críticos, pero que la obra se sacude continuamente de encima.
9.- Los clásicos son libros que cuanto más cree uno conocerlos de oídas, tanto más nuevos, inesperados, inéditos resultan al leerlos de verdad.
10.- Llámase clásico a un libro que se configura como equivalente del universo, a semejanza de los antiguos talismanes.
11.- Tu clásico es aquel que no puede serte indiferente y que te sirve para definirte a ti mismo en relación y quizás en contraste con él.
12.- Un clásico es un libro que está antes que otros clásicos; pero quien haya leído primero los otros y después lee aquél reconoce enseguida su lugar en la genealogía.
13.- Es clásico lo que tiende a relegar la actualidad a la categoría de ruido de fondo, pero al mismo tiempo no puede prescindir de ese ruido de fondo.
14.- Es clásico lo que persiste como ruido de fondo incluso allí donde la actualidad más incompatible se impone.

Italo Calvino (Por qué leer los clásicos)

Creo que no hay nada más que añadir.

jueves, diciembre 15, 2005

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A vueltas una y otra vez con la Ley de Educación, siguen oyéndose barbaridades de uno y otro lado. Los más pacatos insisten en los derechos de los padres a elegir colegio para sus niños, colegio privado pagado con dinero público, colegio que se permite reservar el derecho de admisión, con lo que acaba convertido en una reserva de niños-clasemedia, en demasiadas ocasiones mimados -o alejados de la suciedad- a costa de los impuestos de todos.
Pero también los más progresistas pecan de roussonianos e insisten en una educación con igualdad para todos, negando la evidencia de que no todos somos iguales, que ni siquiera la sociedad que espera a los chavales cuando salgan de los estudios se cree eso de la igualdad y, simple y llanamente, va a seleccionar a los mejores y se va a deshacer del resto. ¿Por qué engañarlos, entonces, con vanas palmadas en la espalda durante tantos años? ¿De qué sirve obligar a un chaval a permanecer en un instituto durante cuatro o seis años, las manos en los bolsillos, escuchando historias que se la traen floja, en lugar de prepararse para la vida civil? Porque lo que no se cree nadie es que las enseñanzas actuales preparan a los jóvenes para la vida adulta. De eso, nada. Sólo sirven a un bajo porcentaje que obtendrá provecho de ellas, mientras la gran mayoría pasa esos años sin pena ni gloria, soportando y sufriendo un sistema diseñado por adultos que miran hacia otro lado.
Casi no me queda tiempo para hablar de la religión en las aulas, algo que crispa al más pintado. Me decía el otro día una amiga mía, francesa y muy cerca ya de los cincuenta años, que ella estudió en Francia en un colegio de monjas y que, como es obvio en ese tipo de centros, tenía la asignatura de religión, aunque no era evaluable. Un día, llegó una alumna nueva y se extrañó de que no hubiese nota de religión. La monja responsable de la asignatura sólo le dijo: ¿Acaso es evaluable la fe?.
Añado yo que quizá si a uno le suspenden la religión, lo más lógico sería entregarle, en lugar del boletín de notas, la carta de excomunión, ¿o no? Bueno, a ver si aprendemos ya lo que significa mantener en un estado laico una escuela confesional y tomamos medidas para resolver estas esquizofrenias sociales, aunque para ello haya que mirar a nuestros volterianos vecinos del norte.

sábado, diciembre 10, 2005

Existe un magnífico ensayo, Historia universal de la destrucción de libros, de Fernando Báez, que resume de manera amena -todo lo ameno que puede resultar este asunto- la accidentada historia de libros y bibliotecas que sucumbieron a los desmanes de distintas civilizaciones -y perdón por lo de civilizaciones-.

Es interesante descubrir que, a veces, grandes hombres, en el seno de grandes culturas de variado pelaje, acabaron por convertirse en bibliocastas, en quemadores de libros. Y no solo por cuestiones religiosas o ideológicas, sino por la simple aniquilación del adversario.
Cuando destruimos libros, acabamos con la memoria de las cosas y de los pueblos. Bastantes culturas son ninguneadas, en muchas ocasiones, por no tener libros, por no testimoniar por escrito su paso por la historia. Y en ese proceso de exterminio de la memoria, han intervenido mongoles, egipcios, sumerios, cristianos, judios y musulmanes.

Por eso, cuando ya hace un tiempo que reposó la lectura de ese ensayo sobre la sinrazón humana, sigo mirando mi biblioteca un poco como el personaje de Auto de fe, aterrado por la sospecha de su desintegración, pero tentado siempre por el extravío de la locura destructora.
A veces, sólo se consuma el amor hacia aquello que se pierde, definitivamente.


jueves, diciembre 08, 2005

En ocasiones, me veo de chico, de muy chico, y me pregunto:
¿qué tenía en la mente durante tantas horas al día?




Me quedo sin respuestas, mirando como un lelo mi cara pretérita, soñando con lo que fui, soñando con lo que nunca más habrá de ser.
Entre las brumas de los días, mi alter ego me mira desconfiado, como un desconocido al que asaltan los fantasmas del ayer. Creo que no sospecha lo que se le viene encima...

miércoles, diciembre 07, 2005

Dice Elias Canetti en uno de sus aforismos:

Hay cierta tristeza en las palabras desnudas, pero yo no soy sastre, y antes que probarles un traje prefiero seguir triste.

Palabras desnudas con las que vivimos día a día y que se convierten en nuestra residencia, un patrimonio del que no nos podemos desprender, que nos acompaña a lo largo de la vida, para bien o para mal, y al que, a menudo, volvemos una espalda resignada.
Palabras desnudas que nos ayudan a amar y a odiar, filos de navaja, plumas, acero, carbón. En esa desnudez con la que impúdicamente nos relacionamos con los demás, las palabras abren caminos o dinamitan puentes, arañan, escupen, acarician, arropan.
Son las palabras nuestro lecho; estación de llegada o tránsito de estos caminantes cansados que hablan o escriben. Y, de tanto vivir en ellas, acabas tomándoles cariño. Para terminar enamorado como un bobo de tus palabras, de todas las palabras.

Como también decía Canetti:

Algunas palabras tienen tantos sentidos que vale la pena haber vivido sólo para conocerlas.

Porque, ¿habría mundo si no hubiese palabras?

sábado, diciembre 03, 2005

Soy un apasionado de esa época literaria que constituyeron las tres primeras décadas del siglo XX en España. Un mundo agitado de efervescencia cultural rodeado de miseria, mucha miseria. Pero la literatura nos salva de la vida, y he querido recoger unas citas del gran crítico y novelista Corpus Barga:

"Se llama obras maestras literarias a las obras más citadas por los profesores de literatura.
La literatura se diferencia de las demás artes en que todo el mundo puede profesarla. Hay quien se alaba de no entender la música. Hay quien confiesa su desconocimiento de la pintura. No hay quien no se crea entendido y conocedor, con derecho a voz y voto, en literatura.
Toda obra literaria, a fuerza de equívocos, puede llegar a ser una obra maestra.
(...)
Cada generación nueva es la revancha de otra antigua, de los olvidados."

Así se teje la historia, así se construye el mundo: olvidados y revanchistas, trama y urdimbre, haz y envés de vencedores y vencidos.
Vivo en una ciudad cuyo acontecimiento estrella del año es la apertura de un centro comercial. Los jubilados han supervisado con escrupulosa minuciosidad el desarrollo de las obras. Ahora que está a punto de abrir sus puertas, las gentes peregrinan en tropel para no perderse en las tertulias de los próximos días:
-¡Vaya pedazo de edificio!
-¡Por fin tendremos algo más nuevo que los capitalinos!
-La prima segunda de una cuñada de mi vecina es jefa de personal. Si quieres, le digo que te coloque.
-El día que abran ya me tienen aquí la primera.
-Pues, yo paso. Vendré un día por la novedad, pero me gusta más el comercio tradicional.
-¡Papi! ¿Comeremos en ese restaurante tan alto?
-¡Joder! Todavía no hemos abierto la calle al tráfico y el notas ése ya está aparcando en la puerta, encima de la acera.
-¡Eh!, ¡tú!, que esos adornos no son para tirarlos.
...
Desde luego, algo se mueve en la vida cultural de esta ciudad. Para que luego nos llamen provincianos...
Solo existe en el mundo algo peor que un domingo por la tarde:
Un sábado que parece un domingo.
Esas calles tan de domingo, esas montañas con sabor a fin de semana que se acaba...
¿Será que se equivocó el calendario?
¿Acaso algún domingo se infiltra como espía en estos sábados de tenues claroscuros?
Creo que tendré que salir al bullicio para convencerme de que hoy es sábado, o de lo contrario sucumbiré a la languidez dominical de esas tardes interminables de invierno, de esos fines de semana que, antes de llegar, ya se han acabado.
Chao.

viernes, diciembre 02, 2005

Me escribo, me describo
en un lazo
mortal
de necesidad,
necesidad de describirme
de escribirme
como si fuese otro,
otro que me escribiese,
otro yo, todo yo.
Me agoto y
me agosto
en una ardiente
esfera de tinta,
de tinte,
detente.
En el correr de los días,
un ruido, un eco,
el sabor discreto
de las palabras
que se van
hundiendo
lejos,
allá,
...
La semana pasada, algunos diarios, entre ellos EL PAÍS (líder de la prensa nacional en España) recogían como noticia que un diccionario de ideas afines de la editorial Herder presentaba dentro de la voz "homosexual" otras ideas afines como "pervertido", "perturbado", etc. En esa ocasión, el redactor de la noticia afirmaba que habían hablado con la editorial -que pensaba retirar los ejemplares de la librería, como si eso fuese a cambiar la mentalidad de algunas personas-, pero que no habían conseguido hablar con el autor, Fernando Corripio, por hallarse en paradero desconocido.
Esta semana, en una breve esquinita del mismo diario, se aclaraba que Fernando Corripio difícilmente podía responder a sus valoraciones sobre el término homosexual, entre otras cosas porque llevaba muerto desde 1993.
Algo que suelen olvidar a menudo los periodistas es que ni la lengua ni los diccionarios discriminan a nadie: en el peor de los casos, recogen los (perversos) usos que las personas hacemos de ella. Como siempre, lo fácil es fusilar al mensajero. No intento disculpar a nadie, pero a veces juzgamos a personas de otras épocas con los patrones culturales de la nuestra. Nos atrevemos a decir que tal autor o tal otro son machistas, racistas, antiguos, etc. cuando, lo más seguro, es que incluso fuesen avanzados a su época. Si leemos el "De institutione femina christiana" de Juan Luis Vives con los ojos de hoy día, nos parecerá un rancio machista, cuando en su contexto era un auténtico innovador.
Dejemos, pues, al pobre Corripio descansar en paz y ocupémonos de las vigas en el ojo propio, que las del ajeno ya crían malvas.

Y puestos a soliviantar al personal con noticias preocupantes, más vale fijarse en una encuesta, también publicada ayer, que recoge que el 80% de las adolescentes cree que puede haber amor detrás del maltrato y que los celos son un buen atributo del amor. Unos resultados que ponen los pelos de punta, ya que señalan que el problema de la violencia doméstica no parece que vaya a solucionarse, al menos, en la próxima generación. En el mismo lote se recogía que los chicos, uno de cada tres, no ven mal que se rechace o discrimine a los homosexuales. En fin, que el mundo está cada vez peor.

sábado, noviembre 26, 2005

Una vez más -no será ni la primera ni la última- aprovecho esta bitácora para comentar las lecturas que llevo por delante. Primero la obligación y luego la devoción: leí, para recomendar a los adolescentes La piel de la memoria del grafómano Jordi Sierra i Fabra. Pese a ser una novela juvenil, estremece el argumento centrado en el tráfico de niños para servir de esclavos en las plantaciones de cacao. Sobre todo, la conmovedora mirada en el espejo deformante del Primer/Tercer Mundo, en el que se asoman por un lado los niños que toman su cola-cao, mientras en el otro agonizan víctimas de infecciones y torturas en las plantaciones.
Y, en un salto de género, leí también La piel fría -¡acabo de descubrir que he leído dos libros con títulos muy parecidos!- de Albert Sánchez Piñol, un antropólogo reconvertido en novelista al que auguro muchos más éxitos. En esta novela, en la que -inevitablemente, aunque sin reproche alguno- resuenan ecos de Lovecraft, Poe, Conrad y otros, el autor ha sabido dar el giro necesario para no caer en lo previsible, otorgando a su obra una dimensión mucho mayor que la asignada por su género. Así, lo que empieza siendo una novela de terror, acaba convertida en una indagación inquietante acerca de nosotros mismos, de nuestro sentido, de nuestros sentidos. En fin, chapeau.
Y mañana más.

jueves, noviembre 24, 2005

A veces parece que la realidad viene a burlarse de uno en sus propias barbas. Veía el otro día una noticia en la tele: en un pueblo valenciano, una cofradía, llamada algo así como del "Cristo de la flagelación", había decidido recaudar dinero con un pase de modelos. En un principio, el pase sería de lencería, pero algunos de los miembros más pacatos de la asociación pensaron que contravenía el espíritu religioso de la misma y obligaron a modificar la idea inicial hasta convertirla en un recatado pase de pijamas.
Lo que más coña tiene de este asunto es que una cofradía que conmemora el cruel acto de la flagelación, se rasgue las vestiduras ante la exhibición del cuerpo femenino. Pienso yo que mucho más sensato es ver las carnes lisas y turgentes de unas modelos que las llagas y moratones de un flagelado, sea Cristo en efigie o sea cualquiera de sus brutos admiradores en carne y hueso de hoy en día.
Y voy más allá. Ya puestos, esa congregación debería, en consonancia con su nombre, haber propuesto un pase de artículos sado-maso, pues tanto amor por la sangre y el sacrificio no llevan a otra vertiente del amor, sea humano o divino, pues lo único que cambia es el objeto.
En fin, que el mundo es cada día más raro.

domingo, noviembre 20, 2005

Acabo de terminar Enterrar a los muertos de Ignacio Martínez de Pisón. Es una novela-ensayo acerca de José Robles Pazos, un escritor y traductor, amigo de John Dos Passos, que fue ejecutado en las checas de la Guerra Civil. Es espeluznante el panorama que se dibuja entre las líneas de esta historia. Espeluznante descubrir cómo personas sensatas y progresistas hacían la vista gorda ante ejecuciones sumarias ordenadas por los gerifaltes comunistas. De poco sirve consolarse sabiendo que los ejecutores caerían más tarde, víctimas de los fascistas o víctimas de la misma maquinaria estalinista que ellos habían engrasado.
Pero quizá lo más espeluznante no sean los muertos, sino los vivos, todas esas familias -la de Robles Pazos, por ejemplo, mendigando una partida de defunción de la que dependía sus subsistencia-, esos amigos -como Dos Passos, censurado de por vida por anticomunista (que venía a significar filofascista)-, y tantas otras buenas personas que vivían con la espada de Damocles de la sinrazón en un eterno e incomprensible mundo de aniquilación.

miércoles, noviembre 16, 2005

Dediqué el mes de octubre a leer Bomarzo, uno de mis proyectos de lectura por mucho tiempo dormido. Ha supuesto un grato paréntesis en el ajetreo diario. Si bien es cierto que más de una noche no he alcanzado a leer dos páginas, densas, cargadas, barrocas hasta la extenuación, el balance final es memorable. El monstruo, el arte, la vida, la fama, el crimen, las pasiones y los sueños. Una novela acordeón, llena de resonancias. Y con un final sorprendente, que hace imprevisible lo que parecía inevitable.
Ha valido la pena dedicarle tiempo. Bomarzo es una de esas obras que te acompañan ya para el resto de tus días.
Decía Fraga el jurásico, a propósito de todas las manifestaciones que se hicieron en su día, y concretamente dirigiéndose contra el colectivo de actores españoles, a los que privó de la gala de premios Max, que él no iba a sustentar con su dinero (el de la Xunta, se entiende) actos que fuesen en su contra o le insultasen. Y retiró las subvenciones públicas.
Ahora salen a la calle los miembros de la Iglesia, con las casullas suyas. y protestan e insultan. El gobierno, vengativo y rencoroso, les paga con la misma moneda que antaño: ¡ojo! que os quito la subvención. Y todos ponen el grito en el cielo.
Hay una diferencia entre un caso y el otro. Los premios Max tuvieron que irse de Galicia, mientras que los curas, que mantienen su subvención, no se irán tan fácilmente.
A ver si maduramos ya como democracia y no confundimos churras con merinas. A Dios lo que es de Dios y al César con lo suyo.

domingo, noviembre 13, 2005

Hoy he acometido mi primer sudoku. Todavía no lo he terminado, pero engancha una barbaridad. Con esto de las aficiones tiene uno pánico a que, cambiando unas letraa, se conviertan en adicciones. Por eso abandono esta bitácora de tanto en tanto; por eso me olvido de escribir los pensamientos perdidos; por eso tengo el sudoku a medias sin atreverme a acabarlo.
De todos modos, de lo que quería hablar en realidad era de mi ex-abrupto de ayer a propósito de la manifestación contra la LOE. Creo que mis valoraciones fueron algo duras, pero también es cierto que determinados sectores de la Iglesia hacen gala de actitudes rayanas en el fascismo más intolerante. Ya dije que la ley es mejorable, pero no olvidemos el sistema que aplicaron los curas cuando ejercían el monopolio educativo. Hoy los profesores hemos perdido toda la autoridad, pero aún así preferimos eso a mantenerla al precio de hostias bien dadas, y no de las consagradas. Así que, cuando veamos a esos obispos, curas y monjas reclamar la recuperación de la dignidad de la enseñanza, acordémonos de aquel sabio principio didáctico, vigente durante sus cuarenta años de gloria educativa: "La letra con sangre entra". Todo un canto al respeto del individuo.
Y acabo, que me faltan tres cuadros del sudoku.

sábado, noviembre 12, 2005

Hoy se manifestaron en Madrid cientos de miles de personas azuzadas por la jerarquía eclesiástica y por los poderes más retrógrados del país. Lo hicieron en contra de una ley de educación. No pretendo defender esa ley, que nace manca, tuerta y coja como (desgraciadamente) tantas otras. Lo que me indigna es que esos obispos, curas, beatos meapilas cargados de hipocresía y otras gentes engañadas bajo el señuelo de la buena voluntad, salgan a las calles ahora, y no para hacer lo propio contra la pobreza en el mundo o contra los intereses multinacionales bajo los que se explota a millones de niños, o contra una maldita guerra no tan lejana en la que nos metieron por la cara.
Y hoy los tenemos ahí con su zafio corporativismo, pues lo que en realidad defienden es, cómo no, la pasta, el vil metal que Jesucristo condenó hasta la saciedad. Si quieren hacer apostolado, que lo hagan desde los púlpitos y no desde las aulas, que ya bastante tenemos con lo que tenemos como para consentir una vuelta a la comunión Iglesia-Estado. Y que no tengan el morro inconmensurable de exigir mayor financiación de la que tienen, que por no pagar no pagan ni contribuciones inmuebles, mientras más de uno de sus fieles vive a la intemperie a la sombra de sus templos.
La escuela para aprender y formarse como ciudadano. La iglesia para la fe. Si es que son capaces de convencer todavía...

lunes, octubre 25, 2004

Lo bueno y bonito de los proyectos es acometerlos, no cumplirlos. Sólo el desafío vale la pena...
Recuerdo:

Tiempo de trenes
bala
la oveja
en mi interior
seduce con su albor
la tímida sensación de pérdida.